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Una madre maravillosa: Rita Regojo, fundadora de las Aldeas Infantiles de Galicia

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Rita Marques de Magallanes

Llena de emoción, hoy recuerdo de forma especial a mi maravillosa madre que fundó un día como hoy, hace 50 años, Las Aldeas Infantiles de Galicia.

Madre de seis hijos y cabeza financiera de una gran empresa, era una mujer de una gran compasión con la infancia más desfavorecida. Recuerdo muy joven, escucharla decir que sentía un gran dolor cuando veía, de niña, pasar en fila india a los niños del hospicio. Estaban bien aseados pero sus caritas no podían ocultar la honda tristeza por la falta de amor de una madre o unos padres. Mi madre era una madre muy cariñosa, dulce y tierna que no dejaba pasar ocasión sin mostrarnos su afecto. Yo diría que este recuerdo de su infancia, fue la raíz de su inquietud al pasar los años hasta que encontró la solución para rescatar esas tristes miradas y para que a ningún niño le faltara al menos, el calor de una madre. Y después de una entrevista con Montserrat Andreu, creadora de la primera Aldea de España, se puso ¡manos a la obra!

Recuerdo acompañarla en su Seat 127 color oliva para recorrer diferentes Ayuntamientos en busca de terrenos para la primera Aldea Infantil de Galicia. Y quiso el destino, que fuera Redondela, su tierra natal, quien donara unos bonitos terrenos muy adecuados para este fin en San Martin de Ventosela. Con mucho esfuerzo fue convenciendo a familiares ,amigos y amigos de amigos para que colaboraran en esta gran obra.

Comenzaron las obras de la primera casita que albergaría a la primera familia. Cada semana mi madre subía varias veces a Ventosela y yo la acompañaba cuando no tenía colegio.

Llegó la hora de abrir las puertas y acompañé a mi madre a una aldea remota a recoger a un grupo muy numeroso de hermanos en un estado lamentable. Nunca olvidaré aquellas caritas de miedo asustadizo, y aquellas marcas que después de despiojarlos y lavarlos pudimos ver en sus cuerpos causadas por latigazos así como su figura fruto de una terrible desnutrición.

Su comienzo en la aldea, no fue fácil pues venían con una mochila cargada de desconfianza que poco a poco, con el calor y paciencia de su madre ¨postiza¨, fueron olvidando.

Tengo que hacer mención a la primera madre de Aldeas Ventosela, Ana Escudero, maravillosa mujer, de una gran generosidad y calidez inigualables, culta y polifacética que hasta tocaba bien el piano. Ella lo dio todo y más aún después de su jubilación.

En fin, recuerdos de cientos de actividades para recaudar fondos donde mi madre nos implicaba a los hijos: venta de christmas, tómbolas, exposiciones, mercadillos… Para ahorrar las reuniones de colaboradoras, se hacían en casa.

Ella quería ser como un faro con continuidad y después de darle muchas vueltas le paso el testigo a Rosa Freire, la mejor continuadora de esta increíble gesta.

No te olvido mamá, siempre serás mi faro.

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