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Nacional Dos

Francisco Hernández Vallejo

El día 21, la web de FARO publicaba un magnífico artículo de Luis Sánchez Merlo titulado «La escopeta nacional», basado en una obra cinematográfica del maestro Berlanga.

Esa gran película es la primera de una trilogía que continuó con Patrimonio nacional y Nacional III, donde parte de los personajes encarnados por el Marqués de Leguineche, su hijo, la servidumbre y el cura preconciliar entran en una trama que concluye con un viaje a Lourdes (Francia) , con el benéfico fin de sacar las joyas de la familia de territorio español.

Sánchez Merlo habla de corruptos y corruptores, señalando que no hay corruptos sin corruptor, que la mayoría de las veces pasa desapercibido. Remata el artículo de forma magnífica (mucho más con la situación de la España actual) con una frase que concluye como definición, retrato clínico de nuestra sociedad.

No hay un pero que poner a su exposición, pero sí un recordatorio que quizá obvia por problemas de espacio.

Por desgracia, tanto empresas como particulares que requieren de las administraciones tanto locales como autonómicas como del propio Estado se han visto y se ven en ocasiones sometidos a la «extorsión». Ciñéndonos a las administraciones locales, los desarrollos urbanísticos, recalificaciones y licencias han quedado muchas veces al arbitrio de quienes dirigen los Ayuntamientos.

La tardanza en aprobar planes generales, y la inseguridad jurídica por tanto, otorga a los equipos de gobierno una discrecionalidad, no siempre llevada de buena fe. Las obtenciones por tanto de licencias de construcción para vivienda o la creación de suelo industrial para establecer negocios de cualquier índole han obligado muchas veces a pasar por caja del alcalde de turno o de los concejales encargados del urbanismo.

Ante semejante chantaje, tanto un empresario como un particular, que han invertido de buena fe en terrenos, naves, edificios, etc, se ven en la disyuntiva de rascarse el bolsillo si no quieren eternizar las licencias. Hizo fortuna hace ya algunos años en algunas localidades del Val Miñor la frasecita ante una petición: «Eso lo arreglas con dos o tres kilos», o bien «Si no vendes a quien yo digo, tu parcela se convertirá en terreno baldío».

El miedo guarda la viña y la picaresca del extorsionador va muchas veces en sintonía con su habilidad para no dejar más rastro que la palabra del extorsionado. Hay casos flagrantes de golfos de la política que se han marchado impunes y otros (muy pocos) a los que la policía pilló con las manos en la masa recibiendo la bolsa del dinero. No hace tanto tiempo.

Si entroncamos ya con lo más reciente a nivel del Estado, atina el autor del artículo aludido. Quien tiene la facultad de elegir sus colaboradores más cercanos responde de su ejecutoria en las tareas de gobierno, en las intermediaciones y en el desarrollo de las tareas encomendadas y, si como parece ser el caso con dos números dos consecutivos pringados, la parte contratante aduce ignorancia y desconocimiento, ¿qué podemos decir?

Pues hacer caso a su Señoría que preside España, pasaba por ahí y no le consta. Dios nos coja confesados.

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