Respetar la justicia y colaborar

Francisco Hernández Vallejo

Estamos asistiendo, por parte de la clase política, al paroxismo del esperpento en vísperas electorales.

Hacer girar un resultado sobre la figura de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, desdibuja por completo el verdadero sentido de unas elecciones europeas. Incluir un problema de índole doméstico en el debate electoral retrata a la clase política de este país.

Del período de reflexión que el presidente Sánchez se tomó cuando el juez Peinado inició la instrucción nace una solemne declaración de Sánchez: “Creo en la justicia de este país”.

Respete su señoría sus palabras, demuestre con hechos que cree en ella y deje de poner el foco donde no debe. Es un juez quien instruye, no es atribuible a una conspiración fascista y viene avalada por la Audiencia Provincial de Madrid.

Desconozco los argumentos jurídicos que puedan rebatir esa instrucción, no he leído el sumario, pero tampoco me hace falta. El juez puede estar equivocado o no, puede sacar conclusiones que le lleven a una sentencia o al archivo de la causa, puede o no coincidir con el fiscal. No sería la primera vez que un juez/a no estima los argumentos del fiscal y aplica su propia interpretación. No es peculiar seguir su propio camino.

Llaman la atención, sin embargo, las visitas reiteradas al juez del fiscal. De eso el juez ha dejado constancia pública. Desconozco si esa práctica es habitual, cuando el investigado/a o encausado/a es cualquier ciudadano de a pie, pero me inclino a pensar que no.

El remate de este ya rocambolesco asunto es la nueva carta del presidente a sus teóricos votantes. Otra teoría de la conspiración, al uso del dictador cuando ante la amenaza judeo-masónica, convocaba a sus huestes en la Plaza de Oriente. Parece en la carta que su confianza en la justicia española se ha quebrado de golpe y, además, ha derivado el tiro a Feijóo y Abascal, que, hasta donde llego, no han puesto denuncia alguna contra su esposa, aunque le hayan pedido explicaciones en el Parlamento.

Creo que lo más prudente sería dejar que el juez concluya la instrucción y que llame a declarar en calidad de lo que estime a quien estime que debe llamar. Una vez concluida la instrucción, si se deriva condena hay un recurso de apelación ante la Audiencia y de ser desfavorable, uno de casación o infracción procesal, ante el Supremo.

De haber condena también, siempre quedará el recurso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde nuestro presidente, por su reconocido prestigio, tiene buena mano.

Eso mismo debería aplicarse la oposición y no imitar con “actos de fe ante la sede del PSOE” en Ferraz la misma técnica que usó Zapatero para ganar sus primeras elecciones, que de aquellos polvos vienen estos lodos.

Respeten todos la justicia y la presunción de inocencia que todo ciudadano/a debe tener y céntrense en contarnos que no van a ir a Bruselas a comer mejillones y seguir tirándose los trastos a la cabeza.