El agradecimiento
Pedro Regojo Otero*
Hay un adagio antiguo que dice que es de bien nacido ser agradecido.
El agradecimiento no es una moneda de cambio habitual ahora ni en tiempos pasados.
En el Evangelio del día 9 de este mes de octubre, el Señor Jesús que visitaba las periferias de las ciudades se encontró con diez leprosos que le rogaban que les curara.
Los mandó a los sacerdotes del templo y le obedecieron; y mientras iban de camino se vieron curados. Uno de ellos que era samaritano, se volvió para agradecer el favor recibido y el Señor preguntó: “¿Y no fueron diez los curados? Solo este extranjero ha vuelto para agradecer la grandeza de Dios”.
El agradecimiento no es frecuente. Yo recuerdo una anécdota de un amigo de mi padre José Regojo, que era inspector de aduanas, y que me decía:”Tu padre es el único que después de jubilarme me sigue mandando por Navidad un cariño”. No era gran cosa, un vino de Oporto y un pan de ‘Lo que era’, un dulce portugués muy rico. No era gran cosa pero este amigo valoraba el recuerdo y el agradecimiento.
¿Por qué es tan frecuente el no ser agradecido? Seguramente porque falta humildad y naturalidad. ¡Tenemos tantas cosas por estar agradecidos! Primero a Dios padre por darnos la vida, por poder ver las maravillas de la Creación: de una amanecer o de un atardecer. A nuestros padres por sus desvelos cuando éramos niños, adolescentes o mayores.
Cuánto valoramos a nuestros padres cuando ya no solo somos hijos, sino padres también.
Agradecimiento a nuestros hermanos. Concretamente yo perdí a mi madre a los 18 años y la figura de mis hermanos mayores fue fundamental para encauzar mi vida.
Agradecimiento a mi cónyuge, que nadie es una perita en dulce, y hace posible una convivencia que muchas veces es un anticipo del paraíso.
Agradecimiento a los amigos que pasan por alto nuestros defectos ayudándonos y comprendiéndonos.
El ser agradecidos nos hace ver con empatía no solo a los simpáticos y agradables, sino a aquellos que no lo son pero que el Señor cuando manda el sol lo hace para justos y pecadores.
El agradecimiento nos hace ver el mundo con optimismo, el vaso siempre medio lleno. Nos hace ver la belleza del otoño con sus ocres y marrones. La belleza del amarillo en la primavera nos hace ver la belleza del invierno que nos obliga a estar más con la familia, que es el gran tesoro de la vida.
Llegará el verano que nos hará estar más en contacto con la naturaleza y vislumbraremos la grandeza de Dios.
Los cristianos tenemos la obligación de ser espejos del Señor.
Los cristianos tenemos la obligación de ser más agradecidos por el don de observar que hay mucha gente buena alrededor que nos hace felices.
Que el Señor no tenga que reprocharnos la falta de agradecimiento, que seamos como aquel samaritano que volvió para agradecer la grandeza de Dios.
*Miembro Club 55
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