Hay un detalle muy llamativo y es la relación de los anglosajones con el vino mediterráneo y atlántico. Nosotros estamos acostumbrados a tomarlo en copa, vaso o taza. Picando algo en la barra de un bar. Frío o a 18 grados. Pero ellos no. Cuando un inglés o un americano agarran una botella de vino, no la sueltan por nada del mundo. Pasean la botella mediada por todas partes.

Calles y pasillos de hoteles. Sólo tienen que beber a morro. Se agarran a su botella de vino como un peque a su osito de peluche. Si nosotros hacemos eso, inmediatamente somos vistos como borrachines empedernidos. Pero ellos no. Porque son turistas. Y desconocen la cultura del vino. El vino no debe viajar. No es ginebra ni whisky. Por eso siempre veréis al viejo Old John en verano, agarrado a su botella y con calcetines de invierno.