El día 21 de junio llegó el verano oficialmente.

Galicia es uno de los lugares que los madrileños, los de Castilla y León escogen para aliviar las altas temperaturas que tienen en el verano.

Los campos de Castilla están recién segados y el trigo y la cebada están recogidos y los campos parecen mares amarillos sin limite.

Ya es historia la época en que nuestros paisanos iban a segar a Castilla, marchaban blancos y venían abrasados por el sol.

Pero en el verano casi todos cogemos vacaciones y recuperamos fuerzas para el resto del año.

El verano debe ser un tiempo de desafíos. En lo cultural tenemos tiempo para leer más no solo los periódicos sino para leer libros más profundos desde la Biblia, Evangelio o los clásicos griegos o romanos nos llenarán de buena literatura.

Nos llamará la atención las ansias de inmortalidad del ser humano.

Pero también desde tiempos antiguos hubo personas que creían en la resurrección y otras que no, en tiempos de Jesús de Nazareth hubo los fariseos que sí creían en la resurrección, en la inmortalidad del alma y los saduceos que no creían en la resurrección como si fuésemos un perro o un gato.

Hoy por desgracia hay una mayoría que pasa de todo y su dios es el poder, el dinero o el sexo.

En estos días que los creyentes católicos festejamos la Trinidad sabemos que a Dios lo conocemos aparte de los relatos de la Biblia, Noé, Moisés etc. gracias a Jesús de Nazareth y, Dios hijo, que nos reveló a un Dios padre y mediante el envío del Espíritu Santo, espíritu de amor nos va revelando los misterios de nuestra fe.

Dios nos amó y lo primero que tenemos que hacer el ser humano es no poner obstáculos.

Dios envió a su hijo Dios hombre para ser como un torrente de agua canalizado por la Iglesia y hay peligro de que nosotros lo obstaculicemos.

El verano es un tiempo de un contacto mayor con la naturaleza, hay más horas de luz y recibimos más vitamina D fruto del sol.

Aprovechemos el tiempo para dedicar más a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a nuestra familia y amigos.

Que seamos como unos juncos y no como cristales que al menor viento se rompen. Los juncos se doblan pero no se parten.

Aprovechemos que todos estamos llamados a la santidad y tenemos el peligro que lo obtendremos a base de esfuerzo y de lucha que también, pero no olvidemos que Dios padre y Dios hijo nos quieren santos y está infundiendo el Espíritu Santo para darnos luz y verdad.

Luz para ver la belleza que nos rodea y la mayor belleza es el ser humano imagen de Dios. Aprovechemos el ocio y el buen tiempo y más horas de luz para ganar conocimiento y ganarlo en amor.

Como dice San Juan el discípulo predilecto del Señor: “Al atardecer de la vida nos juzgarán del amor”.

* Miembro Club 55