En la actualidad, y quizá desde siempre, poseer ha sido primordial para el ser humano y no es casualidad que quienes tienen y han tenido más, controlen a grandes masas.

Hoy en día, estamos siendo bombardeados por las grandes empresas publicitarias y por el mundo global, para que nos creemos nuevas necesidades. Además, nos hacen creer que el hecho de adquirir un bien material va a suplir la necesidad de amor, cariño, aceptación, aprecio, prestigio, autoridad...

Debido a las nuevas estrategias de marketing en las redes sociales estamos rodeados de consumismo. Por ejemplo, para pertenecer a un grupo y sentirnos integrados en la sociedad, todos los adolescentes, y los que no lo son tanto, compramos cada cierto tiempo un teléfono móvil. Renovarlo regularmente no se debe solo a mejorar la calidad del mismo, sino también a que están fabricados con una obsolescencia programada. Es decir, las empresas le dan un periodo de vida útil al producto y una vez transcurrido ese tiempo, este se volverá obsoleto, inútil. Realmente, esto es lo que nos obliga a entrar en un ciclo sin fin de consumo y desperdicio.

Opino, finalmente, que la famosa cita del filósofo René Descartes “Pienso, luego existo” se nos ha quedado un poco antigua y, en este mundo donde el dinero es lo primero, ha sido sustituida por “Compro, luego existo”.