Cuando me lo pidió la NASA no lo dudé. Ir a Marte era un buen plan. Porque aquí tenemos bosques de pinos rojos, talibanes, Amazonas y COVID-19. También hay oasis, cambios climáticos, guerras y pasteles de crema. Nos sobran linces ibéricos, centrales nucleares, ballenas azules, ataques preventivos y cerezas con nata. También abundan los genocidios, baobabs milenarios, planes de igualdad y tartas de chocolate fundido. Pero en el Universo hay otros muchos planetas, nebulosas y cometas que vienen y van. Hay sistemas planetarios donde vivir, muchas estrellas y nubes de algodón azucarado en algunas fiestas.

También abundan los satélites, los asteroides, mi tableta de chocolate y mis latas de cerveza. No me atrevo a viajar sin ellas. Además, hay sitio para todo en la nave. Me han asignado la tarea de estudiar la adaptación del pulpo á feira en Marte. Supongo que no tendremos tiempo de hacer la guerra allí. Al menos en esta misión. Además, en el espacio es fácil evitar conflictos bélicos. Con ponerte a años luz del bullicio, ya puedes correr por los prados violetas de otros mundos.