El pasado 25 de agosto, miércoles, volví a ingresar en el hospital por tercera vez, debido a la pancreatitis que ya me quedó crónica; siguen buscando el desencadenante de tanta repetición con tan poco margen de tiempo. Al día siguiente, jueves, tarde/noche, a mi padre le peta la patata y me entero la mañana del viernes por una llamada de mi madre.

Imaginaos la escena…

A mi compañera de habitación se la llevan a hacer una prueba y yo estoy sentada viendo la televisión; me suena el móvil y me encuentro con mi madre narrándome una situación que ni en mi peor pesadilla. Salí al pasillo como alma que lleva al diablo y busqué a una enfermera. Para quien no lo sepa, la cuarta planta del hospital Montecelo de Pontevedra está divida en “Digestivos, que es dónde ingreso yo, y Cardiología, que es donde está mi padre”.

Allí pues nos dirigimos los dos, y me da el tiempo justo de darle un beso y charlar brevemente con el especialista:

“Lo trasladamos de urgencia a Santiago, y si todo sale cómo espero, lo traeremos de vuelta para que estéis juntos durante la recuperación; voy con él en la ambulancia, y sobre las tres de la tarde, pasaré a informarte; no te preocupes”.

Vuelvo a mi habitación y a partir de ahí, sino toda, sí casi toda la planta de Digestivos está pendiente de mí: que si la tensión, que si la temperatura, me subió la fiebre… todos están preocupados y pendientes de que, dentro de lo malo, la noticia no me afecte en demasía.

A la hora que me dijo el cardiólogo, el maravilloso doctor Nicolás, es lo único que sé de él, viene a verme y me pone al corriente:

“Dentro de lo malo, le pasó lo menos malo; tuvo un bloqueo total del sistema eléctrico; se le puso un marcapasos temporal en la femoral y optamos por dejarlo en Santiago, ya que el traslado sería peligroso. Mañana se le operará y se le implantará un marcapasos definitivo; si todo sale como espero, mañana estará en casa. Debido a lo delicado de tu situación, todo esto se realizará de manera urgente y que no tenga que esperar lo que en su caso serían entre cuatro o cinco días; permanece tranquila que lo tuyo también es grave y requiere de mucha tranquilidad”, me explica.

Sábado 28 de agosto: a mi padre se le pone un marcapasos definitivo; domingo 29, mi padre está en casa rodeado de los suyos menos yo, comiéndose un lenguado.

No sé cómo decir gracias, es que me quedo corta; muchos dirán que los trabajadores sanitarios realizan su trabajo, pero es que se queda muy corta esta expresión.

Decir gracias por el trabajo, empatía, mimos, preocupación, colaboración cardiología/digestivos… decir gracias doctores especialistas, enfermeras, auxiliares, celadores, personal de cocina, limpieza, (Meli, siempre ahí discreta, pero ahí también); decir gracias es poco para tanto sentimiento que tengo dentro.

Terrible situación la que me tocó vivir en este tercer ingreso; son tantas las personas que se han preocupado y han estado pendiente de mí, que me siento orgullosa del equipo que me rodea, sanitarios, amistades, familiares…

Estoy en casa escribiendo y dejando fluir la emoción; gracias desde el fondo de mi corazón.

Buenos días y a vivir, que son dos días.