Buena parte de los hombres no llegamos a conocer nuestra casa más allá de la cama o el sofá. No entendemos por qué no se puede pisar la cocina cuando está mojada. Seleccionar un programa básico en la lavadora no está a nuestro alcance. Y si alguno de nosotros pone la lavadora, te lo recordará con orgullo una y mil veces.

No sabemos cómo aparecen los cacharros lavados y la ropa doblada en las estanterías. Magia, quizás. Sacamos la aspiradora, pero nos cuesta guardarla. Y ya no te digo lo de cambiarle la bolsa. Hacer la cama siempre puede esperar. Limpiar las ventanas, también. Nunca dejamos el baño bien. Y cada vez que ponemos la ropa a secar parece un carnaval. Pero en el momento en que aprendemos a cocinar, todo cambia. Al niño hay que regalarle la chaquetilla de chef, libro de alta cocina, semillas de todo tipo y zanahorias del valle del Ródano. Y hay que decirle que todo está excelente. A pesar de las 7 sartenes quemadas. Sí, somos bastante boludos...