Quiero presentar aquí otras visiones más optimistas y refrescantes de la familia. Para ello tiro con descaro de ese gigante de la literatura universal llamado Chesterton.

Son solo pinceladas de sus pensamientos. Veía la sociedad llena de triángulos familiares –padre, madre, hijos– y a la familia como la institución más importante de la sociedad.

Los padres saltan al acecho de los hijos al nacer, como si fueran bandoleros detrás de matorrales; al nacer entramos en un mundo incalculable, con leyes propias y extrañas, como en un cuento de hadas.

La familia es lugar de libertad, nos podemos sentar en el suelo sin rubor, es la única cosa que se hace por y para sí mismo. En el caso de los hijos la libertad viene como consecuencia del amor.

Y ante los ataques a la familia decía literalmente: “Si queremos preservar la familia debemos revolucionar la nación”.

Sobre los modernos: “Han vuelto a hundirse en su propio subconsciente, quizá bajo la influencia de la psicología que está más de moda actúan de una manera más automática que los animales” antepone razón frente al sentimiento sin límites y responsabilidad.

Fundar una familia debe de hacerse sobre cimientos firmes y la educación de los hijos debe de ser protegida por algo que es paciente y permanente y amoroso.

La modernidad, decía, propone deshacerse de los hijos, no teniéndolos, mandando a los niños a escuelas lejanas, desentenderse y pensar que el colegio lo resuelve todo y por último abandonar a los hijos a la puerta del Ministerio de Educación –el Estado quiere sustituir a los padres en la educación–.

Esta maternidad-fobia e hijo-fobia actúan como elementos de control de la población, el Estado se convierte en guardián de los niños en circunstancias especiales, pero desea ser guardián de los niños en circunstancias normales.

El Estado es ancho, torpe, indirecto, impersonal, inseguro, cambiante, no sabe educar, lo hacen mucho mejor las familias. El Estado no sabe amar ni posee urdimbre afectiva.

En los hogares se transmiten mejor las bellas tradiciones humanas, el pensamiento de los grandes, el pensamiento siglo a siglo construido. En los hogares se transmite la cultura humana, si no fuera así no sería humana. El Estado lucha por adquirir competencias para adoctrinar. El único estado que crea y ama a sus ciudadanos es la familia.