Cuando el niño de la burguesía catalana hizo una campaña desnudo él mismo debió de pensar que su partido acabaría de la misma manera que empezó o como aquel rey del cuento que creía que iba vestido hasta que un niño de entre la multitud corrigió al rey. Pero a Rivera no lo corrigió nadie y fue peor. Es triste ver cómo proyecto tras proyecto las formaciones liberales y de centro en este país se van por el sumidero abajo. Ahora lo que hubo fue una convención para sostener a los cargos que viven de la política, la sede y la financiación de la formación que se limitará a Madrid. Una burla para ese votante minoritario y con formación que siempre profesó esta ideología, pero el instrumento –o sea, el partido político– desde sus inicios nació gripado por un invento de laboratorio que se les fue de las manos por culpa de la frivolidad y ambición de su líder, Albert Rivera, que defendió unos principios y unos valores liberales que acabaron siendo un desnudo de cartel, su desnudo.

Es muy triste llegar a la conclusión de que su exlíder no esté a la altura del Pequeño Nicolás, otros con menos luces que este último llegaron bastante más lejos. No nos engañemos, la política española es esperpéntica y en donde se siembra el odio constantemente. Señor Rivera, ingrese en el PP de una puñetera vez y deje de darnos la turra hasta la celebración de su congreso con algo que ya damos por hecho. Yo me imagino que usted querrá ser vicepresidente con el señor Casado. La opción que ahora no le queda más remedio que escoger y que antes rechazó. Fin de la cita.