Las mentes preclaras y “progresistas” de muchos de nuestros políticos, por su cuenta y riesgo y antes de que se conozca en realidad el fondo de la salvajada perpetrada por unas alimañas macarriles –valientes ellos y muy machotes– han sacado ya conclusiones. La salvajada ya tiene etiqueta: “crimen de odio y homófobo”. Es decir, comienza la politización del asunto que soslaya y no quiere ver la verdadera realidad de las calles de nuestras ciudades, la deriva de una parte importante de los jóvenes enganchados a la fiesta, el consumo de estupefacientes y a la exhibición de un supremacismo machista que atufa y asquea.

Qué valientes esos hijos de perra que apalean a un chaval hasta matarle seguramente para exhibir músculo tipo King Kong ante “sus chicas” o incluso grabar en vídeo su hazaña. Qué salud mental, qué principios han aprendido sabe Dios en donde y sobre todo, qué maldita cobardía del linchamiento sin freno hasta matar.

Estas actitudes, en mayor o menor grado, se viven ya en cada botellón o tras el consumo de alcohol u otras sustancias o simplemente si alguien se acerca a las chicas de los macarras de turno aunque solo sea para pedir la hora. Este tipo de fauna es la encarnación del “macho ibérico”, solo que de machos tienen más bien poco. Sorprende a pesar de la pedagogía de tantos y tantas demagogos/as, que la llama de la violencia, de la agresión sexual, del instinto de posesión hacia “sus chicas” de muchos jóvenes, no solo no haya disminuido, sino que se aprecia un preocupante incremento.

Bien, y ahora qué se hace con los asesinos. ¿Nos dejamos llevar por el buenismo, la misericordia o las caras de abatimiento ante las cámaras que mostrarán a instancias de sus letrados?, ¿prestamos ojos y oídos a los tertulianos habituales de algunas cadenas y hablamos de reinserción, arrepentimiento y de los derechos de los pobres asesinos?, ¿echamos la culpa unos a la derecha asilvestrada y otros a la izquierda radical?, ¿centramos otra vez el debate en el machismo, feminismo u homofobia?

Personalmente, a primera vista, el asunto creo que es más de orden público, que en las calles de nuestras ciudades y pueblos lleva tiempo maniatado por los pseudodemócratas que aún creen en los pajaritos preñados, que disculpan la quema de contenedores, la rotura de cristales, el lanzamiento de piedras y adoquines a la Policía y que alzan la voz escandalizados cuando algún alborotador o mercenario antisistema se lleva un porrazo o un rapero maleducado es detenido por agredir a un periodista o incitar a la violencia en las redes sociales. Mi pregunta, y creo que la de muchos demócratas de verdad, es: ¿Qué hacemos con los asesinos?, ¿seguimos haciendo vista gorda con botellones y alteraciones groseras del orden público?

"Estamos alimentando una sociedad cuyos valores humanos, el respeto, la urbanidad y la educación, comienzan a ser fagocitados bajo el epígrafe de la “libertad de expresión” y el incendiar la calle y alimentar el incendio empieza a salir gratis"

Me viene a la memoria una película de los años 60 dirigida por Arthur Penn que se titula La jauría humana. Refleja la degradación ética y moral de una sociedad embrutecida y que para sublimar su frustración elige un personaje para lincharlo previo acoso, persecución y acorralamiento, una sociedad donde los principios morales han ido decayendo y donde la calle se apodera y apresa la ley.

Sin duda, España no ha llegado a ese extremo, pero estamos alimentando una sociedad cuyos valores humanos, el respeto, la urbanidad y la educación, comienzan a ser fagocitados bajo el epígrafe de la “libertad de expresión” y el incendiar la calle y alimentar el incendio empieza a salir gratis. Las “manadas”, las agresiones grupales, los pandilleros intimidadores y los comportamientos en los últimos días de una parte relevante de los jóvenes en cuanto a la pandemia deben de abrirnos los ojos de por dónde transitamos.

Democracia, derechos humanos y libertades sagradas, pero sin ceder ni un ápice en el respeto a la ley, a la vida humana y a una educación laica o religiosa pero ética y de respeto a razas, a sexos y a ideas, sin olvidar, que relajar la ley termina agusanando la democracia.

Sobre los asesinos, juicio justo y cumplimiento íntegro de la sentencia y a la familia de Samuel, cariño, apoyo, respeto y solidaridad; la van a necesitar.