En el magnífico libro “Inteligencia Emocional”, su autor, Daniel Goleman, lanza la siguiente cita: “El Aikido (Japón) es el arte de la reconciliación y quien lo considere como lucha romperá su conexión con el Universo. En el mismo momento en que tratas de dominar a los demás estás derrotado”.

Considero que los extremos tienden a ser radicales y que la diplomacia es un arte, como también lo es el hecho de tener “mano izquierda”. Incluso el don de la “oportunidad”.

La táctica para aproximarse a un gr upo es la de comenzar observando. Algo así como hacerse con la tónica de la situación, ver por dónde “discurren las cosas” y, seguidamente, actuar.

Llegar y dar soflamas, hacerse con la batuta, instalarse en el mando y pretender que los demás obedezcan; caso de tener éxito inicialmente, su final suele acabar como “el rosario de la aurora”.

Las creencias, cualesquiera que fueren, tienen su propio proceso de creación, desarrollo y posterior disolución. Se estudian en Psicología (Teoría y práctica de la terapia racional emotivo-conductual). En unos casos se mantienen, en otros se disuelven para no tener otras y en otros casos se cambian para asumir unas nuevas. Así lo dice el propio curso de la Historia.

La pretensión de entrar “a saco” en las sociedades y de la “noche a la mañana’ transformarlas en lo que consideramos más acertado, protagonizando un “liderazgo”, ya vimos el resultado que da. Y si por encima, la resolución del proyecto no fue la esperada y –además– no damos unas explicaciones coherentes –saliéndonos por la tangente– acaba dejando entrever el cariz personal y las intenciones.

Debatirse en descalificaciones recíprocas da lugar a cualquier cosa menos al consenso, al pacto y evaden un final deseable: pensar.

El razonamiento siempre acabará por imponerse, limará asperezas, suavizará conductas, mejorará estados de ánimo exaltados y sentará exitosas bases futuras para lo que fuere. Mejor, bastante mejor, salir por puerta grande y no por la trasera.

Mejor, bastante mejor hacer una entrada triunfal por la puerta principal que por la cochera.

Más aceptable un cierto grado de humildad, cuando nos hemos equivocado, que alargarse en explicaciones vagas que acaban por no justificar nada, excepto el fracaso rotundo.

A los humanos no nos queda otra que levantarnos cuando nos hemos caído. Nos ocurrirá una y mil veces. Diría que forma parte del programa. Seguimos creciendo y seguimos aprendiendo, nos guste o no.

Visto lo visto, no estaría desacertado (y es una opinión personal), volver al punto de partida. Retornar a aquel punto de inflexión en el que se cambió el rumbo. Rodearse de los más capaces, quizá los mejores y dar muestras de entendimiento y concordia. También de inteligencia.

Los extremos, sigo manteniendo, que son difícilmente asumibles. El radicalismo crispa. Por ello, por todo ello, más adecuados los términos medios

No olvidemos que las cosas no son como empiezan ni tampoco como se desarrollan. Son como terminan.