En su nada despreciable libro “Elogio y refutación del ingenio”, su autor, el Sr . José Antonio Marina, dice así: “Consideramos que la ironía, el humor, la picardía, la comicidad, la astucia, la inventiva, la originalidad, la parodia, el chiste, los equívocos, la rapidez, la facundia, el timo, la novela policíaca, la sátira y la mala uva son avatares del ingenio”.

También en Psicología se estudia la “empatía”. Lo incluyo dentro del apartado de las Relaciones Humanas, incluidas Percepción y Atención.

Todos hemos asistido a lo largo de nuestra vida al nacimiento de ocurrentes movimientos sociales de toda índole, incluso al surgimiento de nuevas religiones, doctrinas, etc.

Me suscitan especial interés los movimientos sociales, los que nacen alentados por un descontento generalizado de quienes los promueven. A la cabeza suelen colocarse, en líneas generales, una especie de gurús mesiánicos de verborrea fácil y dotados de una cierta capacidad de convencer. Su andadura sería algo así como subirse al bus urbano e ir prestando atención a quién sube, quién baja y lo que ocurre tras la ventanilla. A veces accede al transporte alguno de estos iluminados que, o bien guarda silencio (pocas veces) o pretende “endiñamos” algo tangible en forma de “bibelot” , (‘chuchería’) como acuña el término francés.

Abundan los que, posicionados tras unos postulados ajados por el tiempo y la experiencia que nos brinda la Historia, vuelven una y otra vez sobre lo pasado de moda y tal vez sacado del baúl de los recuerdos. Un “más de lo mismo”. Son tan poco creíbles y tan falsos como los billetes de 4 euros.

En el intermedio agitan la coctelera de las ideologías, engolan la voz y muestran cara de circunstancia para dar visos de veracidad al programa. De no tener unas buenas bases, entiéndase aceptables, estas andaduras transitan por un espacio corto de tiempo.

Sabemos, asimismo, que “no se da puntada sin hilo “. Y que “a río revuelto...", siempre hay quien saca, de la ocurrencia, enormes ventajas.

Se puede no convencer, se puede interiorizar (y de hecho ocurre) que el mensaje no caló, aunque intención se haya puesto en la aventura.

Son otros quienes acabarán juzgando, los que no “entran por ese aro “.

Visto el derrumbe, visto en que podrá acabar todo y antes de que el destrone resulte más humillante, el gurú acorta su recorrido en el bus, no llega a su destino y se dice así mismo: mejor me bajo en esta parada.