La vicepresidenta Nadia Calviño tiene motivos para ser pesimista ante los últimos datos del paro. Pese a que el mes de marzo terminaba con 60.000 parados menos respecto a febrero, y con una media de 70.000 afiliados más, si se compara con la serie histórica de ese mes nos colocamos en la época más dura de la recesión, a la altura del año 2012. La destrucción del empleo después de un año de pandemia alcanza la cifra de 435.000 puestos de trabajo, a los que hay que sumar las 745.000 personas que están en unos ERTE que concluirán progresivamente en no mucho tiempo.

Según las previsiones del Fondo Monetario Internacional, al final de la pandemia la tasa de paro en España será la peor de los países de la Unión Europea y nuestro mercado laboral no se recuperará a niveles previos a la pandemia antes de 2023. Pese a estos indicadores, el FMI augura un repunte de la actividad económica española. Pero la crisis laboral tendrá más recorrido del esperado.