Él está al tanto de todo, de nuestra infamia, de nuestro vicio, de nuestra mentira.

Él perdona pero tenemos que encomiarnos a él, que es nuestro guía y salvador. Jesús está ahí, en su ánimo está librarnos de nuestros pecados, para que iniciemos una nueva vida sincera entre nosotros y con él. Es necesario poner fin a nuestros males y dar una orientación a nuestras vidas.

Si somos consecuentes con Jesús que viene a redimirnos, alcanzaremos la salvación y la renuncia a nuestros pecados.

Así queremos sincerarnos con él por todos los medios a nuestro alcance: confesión, ayuno y oración.

Virgen María, ayúdanos a que leamos los textos sagrados. Amén.