La mayoría conocemos los acontecimientos propios de la Navidad. Entre ellos está el tópico humorístico de coincidir, en alguna celebración, con un cuñado –“cuñao” popularmente– sin caer en la cuenta que nosotros también somos cuñados, de él mismo, por lo cual hacemos igual papel.

Viene esto a cuento a causa de que el Gordo de este año vino de la mano y voz de un niño negro. Cuestión por la que de forma informal, bromeando, he sido testigo de una conversación, donde decía un tertuliano creyéndose simpático, como simple anécdota sin maldad aparente, “que vengan los racistas a rechazar el premio…”, al cual fue respondido por un oyente que retirara lo dicho ya que no admitía esa broma de mal gusto.

Esto me recordó que no hace mucho tiempo se suspendió un partido de fútbol internacional, por lo que se informó, al considerar racista el que un árbitro le dijera a otro que un jugador del banquillo se merecía una tarjeta de amonestación, ante la duda sobre cuál de los jugadores debería sancionar, le aclaró: “El negro.” Racismo inaceptable. Dudoso, como mínimo en el contexto, a mi modo de ver. Escándalo en los noticiarios.

Los de mi generación, cuando iniciamos la formación párvula, recordamos perfectamente una enseñanza de Geografía y Naturaleza, lección 29 de la enciclopedia Álvarez, tercer grado, en donde, textualmente, decían que las razas humanas son: blanca, negra, amarilla y cobriza, explicando la razón de cada una de ellas. Se trataba de una distinción entre los seres humanos. Si entre un grupo de gente hay un rubio, alto, bajo, negro o blanco, es la forma de distinguirlo. Ojo no se trata de abanderar ningún hecho ni fobia alguna. Estamos convencidos de que no es lo mismo decir sudamericano que sudaca como no es lo mismo negro que negrata, etc. Apliquemos el sentidiño también en esto. Tampoco quiero enjuiciar la cuestión futbolística. Nada más lejos. Solamente planteo una cuestión simple y sencilla; la dimensión de los hechos.

Me encuentro entre los aficionados a los chistes. Benditos sean. Quien me conoce bien sabe de mi afición. Pero ante acontecimientos como los que nos ocupan dentro de los protocolos legales contemporáneos, reflexionando en el comportamiento correcto como cuñado –pasivo y activo– creo que hemos llegado a un punto en donde se tendrán que borrar del guion los chistes de gangosos, putas, gallegos, andaluces, catalanes, curas, deformes, cojos, racistas, chepudos, ciegos, cornudos, homosexuales, muertos, suegras, enanos, toreros, animales, borrachos, taberneros… por cierto este era uno que fue al médico. No. Médicos tampoco… De cualquier manera nos queda desearnos ¡feliz Navidad! Pidiendo perdón a quien le ofenda la pascua cristiana. Que son tan respetables como cualquiera. Creo que estamos sacando las cosas de quicio. Hemos perdido el sentido del humor. Acabaremos revisando a Quevedo, Cervantes, etc. Con el fin de censurarlos razonablemente y desapareciendo, hasta la actualidad. La revista “La Codorniz” seguro que estaría prohibida.

Les animo a que reflexionemos con sentido común sobre la crispación absurda y el uso desmedido sobre la mala leche y la gracia. Por supuesto, respetuosamente y con buen gusto la gracia tiene su lugar. Aquel que decía que iban un gallego, un chino y un... Perdón. ¡Feliz año!