Palabras como pobreza, hambre y frío las asociamos a realidades lejanas, países subdesarrollados o economías precarias, pero hoy tenemos que ser conscientes de que estos tristes términos deben de ser incorporados a nuestro contexto actual.

Debido a la pandemia, las colas del hambre en instituciones benéficas son cada vez más extensas. Detrás de cada persona hay una historia, pero a todas las une la tristeza y resignación que sienten de no poder ser capaces de cubrir una necesidad básica como es la alimentación, y lo más triste todavía es que muchas familias no son capaces de poner un plato en la mesa para sus hijos pequeños, por ello acuden a comedores sociales en busca de cualquier posible ayuda.

El aumento de la demanda de productos básicos significa que estas instituciones necesitan más abastecimiento, para lograr cubrir todas las peticiones. Por ello, las personas que actualmente podemos ayudar, es nuestro deber hacerlo. Debemos colaborar para que entre todos salgamos adelante.

Os animo a que, si vuestras circunstancias os lo permiten, busquéis como ayudar en las instituciones de vuestras ciudades, porque cualquier alimento es bienvenido: paquetes de galletas, pasta, leche, pan… Todas y cada una de las aportaciones, por pequeñas que sean ayudarán a que una familia pueda sobrevivir un día más.