En ocasiones asistimos a hechos que te hacen dudar del ser humano como especie. Y es que desvelar el estado serológico de una persona por mero cotilleo o para menoscabar a otra persona es uno de los actos más avergonzantes al los que se puede asistir. Pero que además lo haga alguien que es un kamikaze sexual, es un acto de cinismo e hipocresía que revela la mezquina indiscreción de un tipejo sin el menor respeto por ningún ser humano incluido el mismo.

Solo un ser egoísta, inhumano, cobarde, cruel, lamentable y terriblemente inculto e irresponsable cometería un acto de tal calado. Un acto que no sirve para nada más que para alimentar el estigma de las personas seropositivas y la discriminación y estrés social al que están sometidas. Algo mezquino a todas luces.

Revelar o divulgar este tipo de información es un delito castigado en el artículo 197.6 del Código Penal con pena de prisión de dos a cinco años, demandable por vía civil en virtud de lo establecido en la Ley Orgánica 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y a la Propia Imagen, por no mencionar las cuantiosas multas en materia de Protección de Datos. Casi nada.

Desde el punto de vista humano, escuchar esto me bloqueó, tardé semanas en procesarlo. Me puse en los zapatos de la persona agraviada y desde entonces no me lo quito de la cabeza, algo se me quebró dentro. No se puede ser peor persona ni más cruel, oportunista y gratuito con alguien en situación de indefensión.

Desde aquí quiero expresar mi solidaridad, apoyo y respecto a cualquier persona con estatus VIH positivo. Este tipo de actos no se pueden consentir ni silenciar. Porque a los tipejos de tal catadura les tiene que caer la cara de vergüenza, no vaya a ser que tengamos que afearle la conducta a la siguiente portera de turno. ¡Lo que hay que oír! Qué pena todo.