Si no fuera porque la economía y las inversiones se resienten y lo desconocido provoca inestabilidad, podríamos decir que nunca habíamos estado mejor que ahora: sin gobierno. O con un gobierno en funciones que no puede promulgar esas leyes que tanto les gustan a los políticos de obligar a todo y/o prohibir todo para controlarlo todo y para hacer la vida imposible a los ciudadanos.

Nuestra desgracia es que, como las garrapatas, se agarran al poder, al sillón y a los suculentos salarios que salen de nuestra sangre sudor y lágrimas y no hay manera de quitárnoslos de encima. Y aún así, no son capaces, ni los unos ni los otros, de llegar ni a acuerdos ni a pactos para poder gobernar.

Unos: que si es que no me llamas, no me escribes, no me quieres como antes, el otro que si es que eres comunista y no podemos colgarnos ese cartel porque me voy al garete (aunque yo, en el fondo, también lo sea).

Y los otros: que si yo soy muy estupendo y la derecha me da sarpullido, o que yo soy muy estupendo y yo solo me sobro y me basto?

Y ni los machos Alfa, ni los Beta son capaces de ceder y de tolerar, ni tan siquiera a los que son más cercanos ideológicamente.

A ver si se enteran de que los españoles no queremos ni peleas, ni extremismos, ni salidas de tono, ni desenterrar muertos, ni que nos suban los impuestos, ni que nos obliguen a comulgar con sus ruedas de molino y, sobre todo, queremos que nos dejen vivir en paz; nos dan igual sus avenencias y sus desavenencias.

Pueden volver a convocarnos a las urnas hasta el infinito, pero, escaño arriba, escaño abajo, va a volver a salir lo mismo. Hasta que no se vuelvan a unir los bloques de derecha y los de izquierda y se restaure el bipartidismo o se cambie el sistema electoral, esto puede seguir así por los siglos de los siglos, o hasta que haya una hecatombe y salte todo por los aires, que Dios no lo quiera.

Virginia R. Mateos