Para el portugués Bruno Maçães, los europeos deberían ser conscientes de que no pueden imponer sus valores en este espacio geopolítico, porque China y Rusia tienen los suyos. De otro modo, estarían resucitando el espíritu de la Guerra Fría, que no debería tener cabida en un escenario globalizado. Europa, en la visión de Maçães, ya no es "el profeta de una civilización mundial" sino que ha de ser "un poder euroasiático". Ha de participar activamente en la construcción de Eurasia para tener, capacidad de influencia. Si no lo hace, otras fuerzas irán configurando el nuevo supercontinente.

El eurasianismo, sea en sentido geopolítico o económico, supone cuestionar lo que se ha entendido por Occidente en los últimos siglos, incluyendo además el vínculo trasatlántico entre Europa y EE UU, ya que no es un secreto la pretensión china de expulsar progresivamente a los norteamericanos de la región de Asia-Pacífico.

Pero el entusiasmo por Eurasia y sus supuestos beneficios económicos y comerciales no disipará en Europa los recelos hacia China. Los chinos lo saben, y al igual que los rusos, prefieren cultivar las relaciones bilaterales, con seductoras ofertas de inversiones, para de este modo debilitar a la Unión Europea.