"No hay amor verdadero sin instinto sexual. El amor usa de este instinto como de una fuerza brutal, como el bergantín usa el viento" (José Ortega y Gasset).

No creo que el señor Ignacio Garriga, parlamentario, haya leído a uno de los más afamados intelectuales que ha dado nuestro país. Lo que sí parece meridianamente claro es que este político busca la popularidad. De oficio le viene al galgo. De profesión odontólogo llega a la política de la mano de Vox. Es, pues, un político saca muelas polémicas. Cuando politiquea, interviene sin el necesario anestésico, y el postrer profiláctico. Conocíamos sus furibundos ataques al aborto, la inmigración, y, para seguir en los parámetros de su educación en centro vinculado al Opus Dei, la emprende, ahora, contra el uso del preservativo en las relaciones sexuales. Reproduzco sus manifestaciones en su cuenta de Twitter: "El Ministerio de Sanidad se dedica a regalar preservativos en un festival de música. La campaña "Siempre preservativo" es ridícula y lejos de educar, fomenta las relaciones sexuales. Prefiero fomentar en jóvenes el respeto, la espera, la entrega, la generosidad del valor verdadero".

Déjese de gaitas y diga desde su púlpito ultracatólico que la fornicación prematrimonial es un pecado, tal que así se pronunciaba en el catecismo, de obligado conocimiento, en aquellos años grises de la dictadura, a la que hace frecuentes guiños. La sexualidad es una condición innata en el ser humano. No por el hecho de usar preservativo se ha de fomentar una relación sexual. Una pareja mantiene relación sexual cuándo y cómo quiere. No hay mayor amor que cuando se comparten, al unísono, sentimientos y deseos, y dentro de estos últimos la natural sexualidad. Es, sencillamente, respetar la voluntad de una pareja.

El uso del preservativo no es una cuestión a demonizar. Aparte de evitar un embarazo no deseado, de menor efectividad que otros medios anticonceptivos, tiene un mayor poder profiláctico en la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Está clínicamente demostrado que el preservativo es aconsejable en el acto sexual (en el matrimonio o fuera de él) para protegerse del virus VIH causante del mortífero sida. Siendo como es este político hijo de una madre oriunda de Guinea Ecuatorial, tendrá conocimiento de que en aquel país africano, el sida es pandemia. Y sus autoridades sanitarias fomentan el uso de preservativos.

Entiendo que cuando habló de "espera" quiso expresar "castidad". Comparto el pensamiento de Anatole France, Premio Nobel Literatura de 1921: " De todas las aberraciones sexuales, la peor es la castidad." Lo que no hago mía es la idea de que el sendero del amor verdadero sea la abstinencia. Le ha faltado decir a este político casto de alcoba propia, y de incasta ideología, recomendar el uso del cilicio cuando la tentación llame a las puertas del deseo sexual