Aquel bofetón errado, un petardo, un bocinazo estridente, muy cerca del bafle en el desgaste de pista del sábado, demasiado volumen en los cascos o la inconsciencia de tus padres cuando te situaban en primera fila de verbena?

Consecuencia: un pitido, o dos..: Acúfenos, tinnitus o llamámosle "PI".

"Esto es lo que hay", te dice el otorrino con la mano sobre tu hombro.

El maravilloso y "delicado" sistema auditivo que nos ha permitido disfrutar del canto de los pájaros, del romper de las olas o de una buena canción, puede pasar, de repente, a ser un enemigo capaz de empujarnos al vacío.

Pero hay más: la sanidad pública no solo no advierte del peligro de una exposición excesiva sino que también desconoce y no valora esta dolencia en su justa medida.

Algunos profesionales no consideran que las consecuencias del trastorno psicoemocional de este "síntoma" pueden ser causa de incapacidad laboral, incluso definitiva. "Intégrelos en su vida, sea feliz, verá que cuanto más feliz es, menos le pitan".

En fin, el objetivo de estos párrafos es intentar concienciar a la gente de lo delicados que son nuestros oídos, sobre todo en los más pequeños, y de las terribles y crónicas consecuencias de exponerlos inconscientemente: una maldición que es una importante causa de soluciones drásticas o cuando menos de una vida difícilmente feliz.