Hace algunos años conocí en Miami a "Paco y Lola", un vino albariño de Ribadumia. En la ceremonia del descorche, y cuando el tapón salía del cuerpo de la botella, el sonido que produjo me hizo pensar en el parto de una mujer. El deslizamiento suave del vino brillante sobre la copa me daba la razón, aquella botella estaba pariendo el buen vino de mi tierra.

Hace varios meses en Holanda me volví a encontrar con "Paco y Lola" y mi alegría duró solamente unos segundos, pues no podía creer lo que estaba viendo. La ceremonia del descorche con su gemido había desaparecido de aquellas botellas que contenían el buen vino de mi tierra. La causa fue el tapón de rosca. En Europa un vino en una botella con tapón de rosca significa un vino vulgar, ¿es este el futuro del albariño?

Hace unos días en una vinoteca holandesa conocí a "Ophalum", un Rías Baixas también de Ribadumia y con tapón de rosca. La comercialización y las ganas de vender, buscando precios asequibles están degradando este gran vino. Creo que el respeto y la personalidad está desapareciendo por las exigencias del libre mercado.

El albariño desde hace muchos años antes de ser comercializado estaba considerado como un vino celestial y se le tenía tanto respeto como a un santo. Mientras el ribeiro, el país y el vino de Castilla se bebía en taza, el albariño necesitaba una copa.

En las Rías Baixas aún encontramos albariño con tapón de corcho, pero seguramente no por mucho tiempo.