Villancico y visón

María Carmen Domínguez Rubira - Vigo

El título que pensé poner a mi carta está inspirado en otro –muy hermoso, por cierto– que corresponde a un gran escritor llamado Alejandro Casona, y que se titula "Flor de Leyendas". Entre sus narraciones, en una prosa deliciosamente lírica, hay una titulada "Villancico y Pasión".

Pues bien: al estar con un pie puesto casi en la Navidad, cantidad de corales se vuelcan en irnos ambientando en estas entrañables fiestas. Algunas actuaciones se celebran –y con muchísimo éxito y meritorio esfuerzo por parte de sus componentes– en el Centro Cultural Novacaixagalicia, en su magnífica sala de conciertos. Lógicamente los asistentes a disfrutar escuchando los villancicos, somos los papás y muchísimos abuelos y abuelas que, sin ninguna duda, desempeñan un papel primordial en la sociedad actual.

Pues bien, y yendo al grano de mi tema, mientras actuaba una coral X, a la que correspondió ser la primera, tratábamos los papás de reservar algún asiento para que al finalizar su actuación, los niños pudiesen ocupar sus sitios y escuchar a las siguientes corales.

¡Ah! Pero una abuela, envuelta en visones, se presentó decidida y casi agresiva, solicitando esas dos plazas. Por más que los papás le explicamos que las niñas iban a volver y ocuparían aquellas butacas, la abuela, envuelta en visón, nos dijo que "¡que ni hablar!", que esas butacas eran de ella y su sufridor marido, que no articulaba palabra. Y así fue, por aquello de "vamos a tener la fiesta en paz", retiramos las prendas y ellos se acomodaron en las butacas. Cuando las niñas llegaron a ocuparlas, tuvieron que hacerlo en el "colo" –qué expresiva palabra gallega–- de sus papás.

¡Ah! Y lo más simpático es que el sufridor abuelo roncaba poniendo música de fondo a los siguientes villancicos. ¡Pobre señor!

Es por todo esto que se me ocurrió titular mi humilde carta "Villancico y Visón". Que me perdonen Alejandro Casona y los visones. Ellos no tienen culpa de nada.

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