Sí. ¿Cómo podemos arreglar los ingentes daños ocasionados por la voracidad de unos cuantos, que han provocado, la crisis de las subprime, la actual depresión de los países de Occidente y el espantoso paro que afecta a estos países?

Se habló de cambiar un modelo, que efectivamente ya no es un modelo económico, derivado la doctrina clásica de Adam Smith, D. Ricardo o Stuart Mill, sino un instrumento para el enriquecimiento de unos pocos a costa de la desgracia de la mayoría. Pero no se ha hecho nada.

En el caso de España, todavía menos. Zapatero, aún con sus bandazos y equivocaciones, trató de mantener un modelo social, pero tuvo que bajarse los pantalones ante la presión en contra de nuestro déficit público, por parte de los mismos poderes económicos y financieros que había provocado la crisis y por lo tanto originado ese déficit que, recordemos, se creó para arreglar la desfeita provocada por esos mismos poderes. ¿Y qué se puede hacer? Por concretándonos al caso español, algo se podría hacer, pero hace falta voluntad política y coraje para enfrentarse a esos mismos poderes. Las empresas españolas tienen una muy baja productividad y por tanto son poco competitivas. Pero esa baja productividad no se encuentra originada por unos salarios elevados y/o unas jornadas laborales reducidas, en comparación con los países del occidente europeo, al que nos debemos igualar. Al contrario, nuestros salarios son más bajos que los franceses, alemanes, suecos, austríacos, etc., y las jornadas laborales suelen ser más amplias por la presión de un modelo laboral, que se aprovecha un índice de paro doble que la media europea, y una precariedad que ronda el 40% de la masa laboral (y en Galicia el problema es aún peor que en el resto de España) y por la extendida picaresca de cancelar contratos, abriendo otros nuevos a los pocos días, mandar la gente a casa para cobrar el paro en vacaciones y recogerlos más adelante, etc. Las empresas suelen aprovechar una maraña de contratos temporales para obligar a sus trabajadores a realizar más horas de las estipuladas y muchas veces sin pagarlas, originando un gravísimo problema a esas personas y un tremendo fraude al sistema público de la Seguridad Social. Y esto es de dominio público, puesto que en casi todas las familias existen miembros que sufren estas desgracias. Y los poderes públicos, obligados a cumplir y a hacer cumplir la Ley, no hacen nada.

Si de verdad se quisiera acabar con el paro bastaría con hacer cumplir las leyes vigentes en materia de horas extraordinarias, de contratos laborales y de jornadas de trabajo. Pero no se hace porque nuestros políticos (a los que pagamos y votamos), no tienen coraje para ello, aconchabados como se encuentran, en muchas ocasiones, con los poderes económicos.

Por lo que respecta a la productividad de las empresas, ésta se encuentra muy por debajo de la media europea, porque nuestros empresarios suelen ser más reacios a invertir en I+D+i, puesto que es más fácil ganar dinero con el modelo laboral descrito. Y además cuando invierten suele ser endeudándose y aportando pocos recursos propios e incluso disponiendo de los beneficios, en épocas de bonanza. Por todo ello buena parte de nuestras empresas se encuentran descapitalizadas, y cuando fallan las fuentes financieras, como en los momentos actuales, se vienen abajo. Compiten si tienen subvenciones, si los bancos les prestan dinero y si las condiciones laborales son laxas. Pero por innovación, investigación y aportación de capitales propios no son, salvo excepciones, capaces de competir. Y así nos va.