Hace más de 20 años, con otra familia, hicimos senderismo en un cantón suizo, cerca de Lucerna... Para empezar, en el supermercado del pueblo, vendían unas bolsas con el menú adecuado, que eran frutos secos para evitar peso. Los caminos estaban señalizados con letreros de madera que nos indicaban el tiempo o distancia a tal pueblo o cima. Las dificultades orográficas se escalonaban con troncos y en algún descanso con vistas estratégicas habían puesto un banco de madera. Nos sorprendió ver bocas de riego en los montes y los paisanos de los caseríos anunciaban con mesa y sombrilla un improvisado bar. Hasta vimos muy arriba una gruta dedicada a la Virgen con flores del día.

Y ya nos habían recordado que la madera usada en las barbacoas había que reponerla... Parece un cuento ¿verdad? Se me ocurre que sería necesario enviar en comisión de servicio a estos sitios a Baviera o el Tirol a los dueños presidentes de las comunidades de montes de las parroquias que nos circundan en esta ciudad, para copiar lo que otros disfrutan hace muchos lustros.

Estas vistas que tienen los montes en nuestro entorno ya las quisiera tener la bahía de San Francisco, según los que estuvieron allí.

Días atrás recorrimos el río Eifonso en Bembrive que a pesar de su abandono es precioso. Para hacer en una mañana y volver a comer a casa, como se estila en Cataluña. Tiene abundante agua, cascada, bonitos molinos, puentes... y ahora cantidad de helechos reales, ruscus o primulas silvestres. Pero el camino precisa un mantenimiento. Hay que cortar los árboles caídos, suavizar las dificultades con algún escalón para que sea asequible a todas las edades, señalizarlo y hasta retirar los plásticos. Aplaudo las declaraciones en su periódico días atrás de Xosé Ramón Varela. Se marcan los senderos el primer día y se olvidan de ellos.

Los dueños de nuestro entorno deben de unirse y espabilarse como lo están haciendo en las parroquias las asociaciones culturales de vecinos y buscar en la preciosa naturaleza que tenemos otras alternativas de ocio que no sean el botellón para nuestros chavales. Tienen que ponerse de acuerdo en señalar y reglamentar la circulación de los vehículos a motor por el monte y ponerse de acuerdo con los ayuntamientos vecinos. Los parques forestales con sus barbacoas están bien pero un poco de ejercicio ayuda a tener mejor tipo. Y no es por falta de dinero. Alguna comunidad de montes tiene millones de euros en bonos del tesoro. Y una ciudad sólo urbana con calles tan bonitas como nos están haciendo necesita integrarse con el espacio rural, único y excepcional como el nuestro. ¿Conoce usted el monte Facho?

Rafael Adolfo Rey Rodríguez - Vigo