Tenía solo 7 años, la niña de cara de ángel y ojos más azules que el océano que baña su tierra.

Todos los días salía del colegio bien agarrada de la mano de su admirado padre, hombre de mirada inteligente y gesto valiente, belleza serena e ideas claras y nobles que muchos querían ya arrancarle de la cabeza y el corazón.

La niña no quería ir, Ana María se aburría en esas largas horas que pasaba en casa de aquellos señores que le decían que tenía que estar muy quieta y derecha, a ella, la niña que parecía hecha de rabos de lagartija que sólo quería correr a ver a su madre y a sus hermanos, sobre todo a Quico, su compañero de la infancia y juventud, hermanos cómplices que se querían de una manera especial para el resto de sus vidas y unidos por una complicidad que dura hoy todavía.

Hoy sé que Ana María está orgullosa de esas horas que pasó quieta y enfadada bajo la atenta mirada de su padre mientras las manos de tan ilustres artistas creaban su obra. Ana María hoy se acuerda de ese trabajo que su padre y ella hicieron a medias, muy juntitos, muy orgullosos el uno del otro. Ese retrato es un recuerdo de una época dulce que poco después la historia de este país se encargó de volver amarga. Sé que hoy Ana María ha vuelto a recordarlo cuando su cara de ángel ha sido expuesta en uno de los sitios más emblemáticos y hermosos de esta ciudad.

Ana María, mi madre, a la que quiero con todo mi corazón ha vuelto a ser hoy esa niña, y yo sé que mi abuelo allí donde esté la agarró otra vez bien fuerte de la mano.

Un recuerdo con todo mi amor para todos vosotros, mi adorada, fantástica, excéntrica, inteligente y divertida familia Blein Corral, para los que ya no estáis y para los que afortunadamente seguís con no-sotros ¿Quién se atreve a criticar nada de lo que hayáis hecho? ¡Cómo se os complicaron las cosas y cómo de la mano de mi valiente abuela Concha aprendisteis a vivir con ese profundo vacío que dejó vuestro padre!

Nunca habéis dejado a nadie indiferente, por rebeldes, por contestatarios, por extravagantes o por lo que os daba la gana. Sólo sé que yo, vuestra hija, nieta y sobrina, me he sentido muy querida por todos y cada uno de vosotros.

Por lo tanto a mis valientes abuelos, a mi madre y a mis seis tíos ¡Que el espectáculo continúe y que esta fiesta no decaiga!

Con todo mi amor...

Verónica Zubeldia Blein - Vigo