Tras las elecciones gallegas los dirigentes del PP se preguntaban el porqué de su fracaso en las mismas, así como su bajada en todo el Estado, como confirmaba hace unos días el último baremo realizado; y eso es lo extraño, que no vean unos errores tan claros como los que vienen cometiendo en los últimos años, empezando por ese discurso radical de ultraderecha que los separa de una amplia mayoría de ciudadanos que no vemos con buenos ojos la crispación política y el reiterado insulto como arma política, ya que ello no representa ninguna ideología o fórmula de gobierno válida y parece un discurso vacío; además de ser una medida muy poco eficaz contra un gobierno que aún no está quemado.

Otro factor negativo es la permanencia de personajes quemados que recuerdan los errores del anterior gobierno, como los señores Acebes y Zaplana, cuyas caras parecen estar siempre ofuscadas e intrigantes, e incluso el propio Rajoy, que lejos de lo que esperábamos de él ha resultado ser muy poco moderado y no ha renovado el partido con gente más cercana a la ciudadanía, como los señores Gallardón y Piqué.

Para colmo, se equivocan al apoyar ideas retrógradas y a grupos minoritarios de carácter ultracatólico, así como el creer que cualquier causa es buena para generar protesta, reiteración que ha creado una imagen de oportunistas un tanto errada.

Con todo esto no es de extrañar que el PP esté cada día más alejado de los ciudadanos y muy especialmente de los jóvenes, incapaces de asimilar una imagen tan desfasada, cada día más cercana a aquella derecha de la serie "Cuéntame", radical, incapaz de llegar a acuerdos, de reconocer errores y de seguir progresando.

Guillerme Peres Agulla - Pontevedra