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Opinión

Los dirigentes europeos, más preocupados por dañar a Rusia que por los problemas de sus ciudadanos

Los dirigentes europeos parecen más preocupados por ayudar a Ucrania y causar el máximo daño económico a Rusia que por arreglar los numerosos problemas que tienen en casa y son causa de la creciente impopularidad de sus gobiernos.

El último ejemplo lo ofreció el nuevo premier británico, Andy Burnham, que, en su primer viaje al extranjero desde que asumió el cargo, acudió personalmente a Kiev para sumarse a las celebraciones por el 35 aniversario de la independencia de ese país.

Y quien fue antes de ocupar el número 10 de Downing Street solo un político local, alcalde del gran Manchester, agradeció allí al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, que hubiese hecho con su firmeza frente a Rusia «más fuertes» tanto a Europa como a la OTAN.

¿Más fuertes Europa y la Alianza Atlántica cuando se repiten los desacuerdos entre los socios y lo único que parece muchas veces unirlos es su común hostilidad a Rusia?

«Ucrania será nuestro protector», dijo también en Kiev el dirigente laborista con palabras que parecían más bien las de un vasallo medieval que agradece lo que hace continuamente por él su señor.

Y en señal de agradecimiento, Burnham prometió a Ucrania que el Reino Unido otorgaría a Ucrania la licencia para que pueda producir, en cooperación con Francia, el misil balístico franco-británico Storm Shadow, también conocido como Scud.

¿Producir en el futuro esa arma en territorio ucraniano y exponer así la fábrica que se construya a los más que seguros ataques de los misiles rusos? Parece un brindis al sol.

Al que, sin embargo, se apresuró a responder el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien acusó al Gobierno británico de «echar más leña al fuego» con sus continuos envíos de drones y misiles a Ucrania y sus promesas de reforzar incluso esa ayuda militar en el futuro.

¿Y qué decir del llamamiento mientras tanto de la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Rederiksen, a sus socios para que suministren a Ucrania los interceptores Patriot que tienen en sus arsenales y que ese país necesita urgentemente para su defensa porque Copenhague no dispone de ese tipo de armas antiaéreas?

El canciller federal alemán, Friedrich Merz, que no acudió esta vez personalmente a Kiev, sino que envió a su ministro de Exteriores, Jonann Wadephul, felicitó a Ucrania por su «ejemplar combate por su independencia».

Por su parte, Zelenski, que no mencionó para nada, como no hicieron tampoco los líderes europeos, los problemas de corrupción que cercan a su Gobierno, volvió a hacer lo que mejor sabe: pedir dinero para pagar a sus soldados, a sus funcionarios y las cada vez más numerosas pensiones de viudedad.

En concreto pidió que se le adelanten 27.000 millones de los 90.000 millones de euros del crédito que le prometió Bruselas el año pasado porque su Gobierno ha gastado ya este año más de lo previsto, se supone que en los miles de drones lanzados contra los buques rusos en el mar de Azov o en el mar Negro y las refinerías y los almacenes de Wildberries en suelo ruso.

A ese dinero, que pronto volverá a demostrarse insuficiente y obligará a Zelenski a pedir más, se suma el que algunos países europeos conceden a título individual a Ucrania, y así Noruega anunció el fin de semana un nuevo crédito a Kiev por un total de 8.000 millones de dólares.

Y es que pase lo que pase, y el propio Zelenski reconoció en el discurso que pronunció ante sus invitados las dificultades que atraviesa su país en esta guerra, Ucrania seguirá luchando y nunca renunciará, volvió a asegurar, a los territorios que ha ocupado Rusia.

Y como el país se está quedando sin hombres a los que enviar al frente y tiene cada vez más problemas de reclutamiento, aunque el Gobierno no quiera reconocerlo, nadie parece excluir ya que se vea obligado a llamar a filas también a las mujeres, como le sugirieron que hiciera dos conocidos halcones del Senado de Washington que viajaron a Kiev para asistir a las celebraciones.

Con lo que se acentuará la tendencia ya peligrosamente descendente de su curva demográfica. Lo que no impedirá que Kiev, en Bruselas y en todas las capitales de la UE, se siga gritando «Slava Ukraini!» (¡ Gloria a Ucrania!).

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