Opinión

Jefe de sección Arousa
Triste furtivismo

Embarcaciones de Gardacostas de Galicia en plena lucha contra el furtivismo. / M. Méndez
Un día sí, otro también, Gardacostas de Galicia extrae de las rías gallegas artes de pesca usadas de manera ilegal. En ellas son recuperados y devueltos al mar, o bien entregados a comedores sociales –si ya están muertos–, ejemplares de todo tipo de especies, en muchos casos ovados o que no dan la talla.
Es una noticia alegre que este servicio dependiente de la Consellería do Mar esté ahí, tratando de combatir a los piratas del mar que actúan de forma egoísta e irresponsable sin pararse a pensar que el furtivismo que practican puede depararles pan hoy, pero mucha hambre para mañana.
Al mismo tiempo, es una noticia triste, puesto que levantar a diario aparejos calados ilegalmente que esquilman las rías, significa que en las mismas existe una incalculable cantidad de nasas, redes, cacharros y otros muchos útiles que pescan indiscriminadamente, de día y de noche.
Eso hacen esos piratas que son los furtivos, tanto si se trata de personas ajenas al sector como de profesionales de la pesca y el marisqueo, pues unos y otros se comportan como depredadores cuando capturan producto sin permiso, extraen más cantidad de la permitida, introducen en el mercado especies en veda, incumplen horarios de faena o realizan capturas en zona prohibida.
Un miembro de Gardacostas procede a devolver al mar un pulpo extraído de una nasa ilegal. / M. Méndez
Y si triste es que aún quede gente así, incapaz de aceptar el daño que causa al medio ambiente y al conjunto del sector, también lo es que haya quien compre producto a sabiendas de que es ilegal.
Cómplices
¿Qué diría un hostelero si a las puertas de restaurante se coloca una barra improvisada e ilegal que vende las mimas raciones o platos, y a mitad de precio? Seguro que, como poco, pondría el grito en el cielo, se quejaría amargamente o denunciaría al ambulante, alegando que le hace competencia desleal sin pagar impuestos, sin control de salubridad alguno y sin garantías de calidad.
¿Qué pensaría ese mismo hostelero si las autoridades competentes le responden que el pescado o marisco que él vende en su negocio procede del furtivismo?
Esto sucede, y es también muy triste que haya negocios que recurren a la pesca ilegal para llenar sus neveras y cocinas de mercancía, sin importarles ser cómplices de los piratas ni del daño que causan a las rías, al sector y a la economía local.

Manuel Méndez
Reproche que puede y debe hacerse extensivo al consumidor que, igualmente, se convierte en cómplice de la actividad ilícita cuando abre las puertas de su casa y su frigorífico al furtivo de turno. Sí, ese que llama al timbre con una bolsa o un capazo en la mano para ofrecer el kilo de almeja a 5 euros, centollo o nécora en veda, pulpo sobrante de un exceso de cupo, vieira sin control sanitario o navaja capturada sin autorización.
E igual de triste se antoja que haya gente en las redes sociales o en la taberna que justifica la acción de los piratas y llega a condenar las inspecciones que Gardacostas hace a diario, sin las cuales imperaría la ley de la selva en un sector tan importante y necesitado de ayuda como el del mar-industria.
Una ayuda, por cierto, que de forma inmediata y sin esfuerzo, cualquiera puede empezar a brindar. Es tan sencillo como rechazar la piratería y dejar de comprar y/o consumir productos procedentes de esa lacra que es el furtivismo, porque erradicarlo es cosa de todos.
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