Opinión | Editorial
SAIC y el peligro de las filtraciones
«Si hubiese una amenaza, no sería de seguridad nacional, sino industrial, de competencia desleal. En este punto sí que habría que estar vigilantes»

SAIC, entre la inversión industrial y el ruido de las filtraciones. / Faro / IA
Desgraciadamente, en los últimos tiempos hemos vivido suficientes encontronazos dentro del Gobierno como para habernos acostumbrado a la idea, tan poco recomendable, de un Ejecutivo y dos políticas. Pero hasta ahora las diferencias más sonoras solían enfrentar a los ministros socialistas con los de Sumar. En materias tan sensibles como la política exterior, la vivienda, la defensa o la energía nuclear se han producido divergencias públicas que, más que poner en peligro la coalición, servían a unos y otros para marcar terreno y hacer guiños a sus respectivos electorados. Fuegos de artificio, más que munición real.
Lo que causa estupor ahora es que sean ministerios dirigidos por el mismo partido, el socialista, quienes aireen sus diferencias en público. Y que haya sucedido dos veces en dos semanas supone un salto cualitativo. Ya no hablamos de las fricciones previsibles entre socios de una coalición, sino de una preocupante descoordinación en el núcleo del Gobierno.
Lo vimos recientemente en la crisis migratoria de Ceuta. Decenas de miles de marroquíes irrumpieron en territorio español ante la incredulidad de los agentes policiales y la alarma de buena parte de los líderes políticos europeos. El desaguisado se completó con un cruce de acusaciones entre Interior y Defensa, reprochándose el origen del problema. El espectáculo fue esperpéntico, la catástrofe humanitaria terrible, con decenas de jóvenes muertos ahogados , y muchos ciudadanos se preguntaron si había alguien a los mandos.
No han pasado ni dos semanas cuando nos encontramos, salvando las distancias, ante otro caso de división interna difícil de digerir. La publicación de la supuesta amenaza que supondría la fábrica de coches china SAIC, proyectada en el puerto de Ferrol, para la seguridad nacional por su proximidad al astillero militar de Navantia y a otras instalaciones navales de la ciudad generó una gran polémica, tanto por la forma como por el fondo. Que dos medios nacionales, con líneas editoriales absolutamente diferentes, publicasen la noticia el mismo día y con similar realce informativo hacía difícil pensar en una coincidencia. Las informaciones coincidían en la existencia de reservas en ámbitos de Defensa y de los servicios de inteligencia sobre los posibles riesgos que podría plantear la instalación de la factoría.
La reacción del Gobierno y la descoordinación
La revelación dejó atónito al presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y descolocado a buena parte del gabinete de Pedro Sánchez. Su ministro de Transformación Digital, Óscar López —no sabemos si ese era el portavoz adecuado para un asunto de esta naturaleza, aunque quizá era el que estaba de guardia en plenas vacaciones de sus colegas—, tuvo que salir al paso para ratificar que la factoría de SAIC no suponía en modo alguno una amenaza. Y se formó el enredo.
La propia ministra de Defensa, Margarita Robles, comunicaría más tarde a Rueda que su departamento no se opondrá a la construcción de la fábrica y que sus eventuales objeciones se limitarán a la operatividad derivada de la cercanía de instalaciones militares. O sea, que en Defensa, algunos mandos piensan una cosa y su jefa, la contraria.
Así, cuesta entender aún más la finalidad de un escándalo fake que proyectó sobre la inversión asiática la sombra de una amenaza nacional. La pregunta que irremediablemente hay que hacerse es por qué se produjo la filtración, por qué en ese momento, por qué de forma tan estruendosa y, sobre todo, como nos enseñaron los clásicos latinos, cui prodest?, ¿a quién beneficiaba su publicación? Si Defensa nunca pretendió vetar la inversión, por cierto auspiciada por el propio Gobierno, por qué alguien consideró conveniente airear unas reservas de esta naturaleza y con qué propósito. Estos interrogantes siguen hoy en el aire y sería bueno que alguien les diese contestación.
Una oportunidad para Ferrol
Más allá del espectáculo lamentable, otro fuego que aplacar, resulta grotesco que con las dificultades que existen para captar inversiones extranjeras un Gobierno, o algún ministerio sin el debido control, ponga obstáculos adicionales.
SAIC ha prometido invertir 200 millones en Ferrol, primero en una planta de ensamblaje y posteriormente en una fábrica de coches, con una previsión de miles de puestos asociados al proyecto. En una comarca castigada por la crisis industrial, una apuesta de esta magnitud constituye una oportunidad difícilmente desdeñable. Si se cumplen los compromisos anunciados, su impacto sobre el empleo y la economía de Ferrol puede ser muy relevante, y en ese fichaje Xunta y Gobierno han sido coprotagonistas.
El verdadero peligro, si lo hubiese, no sería tanto de seguridad nacional como de otra índole. Porque, como hemos venido publicando en FARO, entre los motores económicos europeos, singularmente en Alemania, existe el temor a que la industria china, en especial la vinculada al automóvil, acabe fagocitando una parte sustancial del mercado continental con una entrada masiva y desaforada de coches eléctricos a precios muy difíciles de soportar para los fabricantes europeos. Porque China se ha propuesto introducir dos millones de vehículos en los próximos años. Y no olvidemos que la competencia china se desarrolla bajo unas condiciones de intervención pública, financiación y política industrial muy distintas de las europeas, y que su expansión económica forma parte inherente de una estrategia geopolítica global.
Deberes europeos y desconcierto institucional
En este punto sí que habría que estar atentos. La Comisión Europea ya está tomando medidas, todavía demasiado tibias, como su plan made in Europe. Pero entre la obligación que tienen de estar vigilantes, de proteger la capacidad industrial europea, y en particular la nacional —Stellantis tiene en Vigo su factoría más eficiente del mundo y da trabajo directo e indirecto a más de 30.000 personas— y de adoptar a tiempo las medidas pertinentes... Entre estos deberes europeos y convertir una inversión estratégica para Ferrol en un motivo de desconcierto institucional y descrédito internacional media un abismo.
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