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Opinión | El correo americano

La historia de los dos barcos

La polarización, en Estados Unidos, ha generado recientemente muchos debates sobre la cuestión de la identidad nacional. Este año, que se celebra el 250 aniversario de la fundación del país, diversos productos culturales tratan de explicar qué es Estados Unidos y de dónde viene, añadiéndose también otras preguntas, ahora inevitables: por qué existe tanta división y en qué momento se origina. En Two Ships. Jamestown 1619, Plymouth 1620, and the Struggle for the Soul of America, el historiador David S. Reynolds recurre a una iluminadora metáfora que se remonta a la era colonial norteamericana: la llegada de dos barcos, en los cuales se exportaban dos civilizaciones distintas, a las costas del continente.

Por un lado, estaba el Mayflower, el célebre navío inglés que, en 1620, desembarcó en Massachusetts, un territorio del noroeste, estableciendo posteriormente una de las colonias que acabaría transformándose en lo que ahora es Estados Unidos. Sus pasajeros, los puritanos, escapaban de la persecución religiosa. El relato tradicional los presenta como fundadores de una sociedad basada en el autogobierno, la libertad de culto y una relación inicial de cooperación con los pueblos indígenas. Y, por otro, estaba el White Lion, en el cual se transportaron más de veinte esclavos negros, que llegó un año antes a Jamestown, Virginia, una colonia situada en el sur que acabaría formando parte de la joven república.

El Mayflower y el White Lion representan las dos caras de la nación. No porque el primero constituya, como sugiere el mito fundacional, un símbolo de libertad idílica (la esclavitud existió desde muy temprano en Nueva Inglaterra y, tanto en Plymouth como en las colonias puritanas cercanas, se impuso un orden religioso estricto que perseguía o expulsaba a disidentes) y en el segundo se contemple el “pecado original” del sistema estadounidense (como muchas veces se denomina a la esclavitud a modo de justificación), sino porque ambos reflejan dos culturas antitéticas.

Reynolds argumenta que las diferencias entre los puritanos del norte y los cavaliers del sur (terratenientes blancos y miembros de una élite) eran extraordinariamente profundas y están relacionadas con la propia guerra civil inglesa que tuvo lugar a mediados del siglo XVII. Los puritanos se oponían al rey y a la Iglesia anglicana. Valoraban el trabajo, la disciplina moral y una visión más reformista que, con el tiempo, derivaría en abolicionismo y defensa de los derechos humanos. Muchos de los colonos sureños, al contrario, eran partidarios de la monarquía. Desarrollaron, además, una sociedad más jerárquica, patriarcal y aristocrática que se sustentaba en el honor, la tradición y un sistema rígido de clases.

Esta fractura cultural nos ayudaría a comprender, por ejemplo, la polarización ideológica que culminó en la guerra de Secesión. Con el tiempo, la retórica de “Puritanos contra cavaliers” fue diluyéndose y el Mayflower, al asociarse con el Día de acción de gracias, acabó despolitizándose (después de que Abraham Lincoln estableciera este día como fiesta nacional con la intención de unir a los bandos enfrentados en la posguerra, el tono folclórico que idealizaba la imagen del peregrino protestante fue progresivamente consolidándose en el imaginario colectivo desde finales del siglo XIX, estandarizándose en las postales, en los libros de texto y en la publicidad, sin mencionar las rebajas del “viernes negro”).

Sin embargo, Reynolds afirma que aquella fractura cultural ha regresado a los Estados Unidos de la actualidad. Es decir, que los dos barcos, cargados de lenguaje metafórico, han desembarcado de nuevo, contraponiéndose otra vez los dos relatos nacionales. Aunque los mitos contienen múltiples inexactitudes y estereotipos perniciosos. Precisamente, gracias a la lectura de este libro, comprendemos que no es ni una cosa ni la otra. La idealización destruye tanto como la demonización. Y los reduccionismos provocan división y conflicto. Lo cierto es que la verdad de Estados Unidos viajaba tanto en el Mayflower como en el White Lion. La identidad nacional estadounidense es, en realidad, la mezcla de todas esas ideas, en ocasiones contradictorias, cuyo resultado dio lugar a un experimento democrático tan fascinante y admirable como complejo, imperfecto y paradójico.

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