Opinión

Presidenta del Instituto de Estudios Vigueses
Un espacio para «La Cena» de Xoán Piñeiro
Si cuidamos como se merece el patrimonio, entonces el magistral relieve tiene que encontrar un lugar en Vigo

«La Cena», de Xoán Piñeiro.
No es extraño que, cuando los medios de comunicación se hacen eco de la desaparición, alteración o maltrato de alguna obra de arte, la ciudadanía con razón, exija explicaciones. Pasado el pico de la indignación, todo vuelve al estado inicial, desinterés generalizado. La cuestión tiene su reflexión y tal vez su solución. Se llama educar. La educación pasa por el reconocimiento hacia quienes con su ingenio, técnica, esfuerzo y perseverancia son capaces de crear una obra bella, novedosa, diferente. Una vez que se reconoce el valor de lo hecho, indisociablemente se añade la importancia del cuidado, de la persistencia, del legado, con el objetivo de que los demás también puedan llegar a conocer, a cuidar y a valorar.
Esta conclusión a veces llega tarde, pero ¿Qué hacer cuando todavía se puede? Seguro que muchos de ustedes alguna vez han visitado la iglesia de los Santos Apóstoles en la calle Marqués de Valladares esquina Velázquez Moreno. Una iglesia que puede pasar desapercibida, pero su interior es francamente novedoso. Una empinada escalera permite salvar el desnivel desde la calle, una hilera de vanos ilumina de modo cenital el lateral izquierdo y el frontal del refectorio se engalana con una obra descomunal. Seguro que recuerdan ese relieve en piedra de cuatro metros de largo, en el que el escultor Xoán Piñeiro representó A Cea y de la que en 1967, cuando todavía estaba en fase de ejecución, el autor decía «Quiero resaltar el interés que por esta obra manifestó el arquitecto Pérez Lorente», quien con Yañez Ulloa fueron los encargados del proyecto. Concebida como una capilla fue consagrada el 3 de agosto de 1968.
En «La Cena» de Piñeiro, el pasaje bíblico se humaniza, se manifiesta la enseñanza y la amistad de Jesús y sus apóstoles. Entorno a la mesa, se representa al Maestro rodeado de los doce apóstoles. Están conversando, muy cerca unos de otros, escuchándose, gesticulando, sus posturas son tan naturales que podríamos referirnos a ella como una escena genuinamente humana. Imposible no sentir admiración por el trabajo minucioso de la piedra, por la caracterización de los rostros, por la composición equilibrada y la rotundidad de los volúmenes. Orgulloso se sentía Piñeiro de su obra que la firmó de forma visible en la parte superior derecha. El decano Faro de Vigo, recogía el 27 de junio de 1976, la noticia de su instalación en la mencionada iglesia.
Pues bien, cincuenta años después la iglesia se ha cerrado, ya no tiene culto, pero en su interior permanece el magistral relieve de «La Cena». Se trata de una pieza que no se puede perder. Nos consta que la fundación Xoán Piñeiro busca una solución en colaboración con las administraciones y la Compañía de Jesús a quien pertenece. Es imprescindible encontrar en Vigo, un lugar en el que esta obra pueda ser expuesta, con el objetivo de que todos podamos admirarla, disfrutarla, porque más allá de los ojos está el poder invisible del arte.
*Mercedes Bangueses, doctora en Historia del Arte, es presidenta del Instituto de Estudios Vigueses
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