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Opinión | Reflexiones de un viejo outsider

La loma y la pachanga

La orquesta Panorama haciendo bailar al publico.

La orquesta Panorama haciendo bailar al publico. / FdV

Estamos en el mes en el que hacen su agosto las formaciones que se dedican a la música de pachanga. Este concepto se refiere a la interpretación de covers de los éxitos del momento e ir a las lomas, era como se denominaba entre la profesión en la época de los palcos al circuito de fiestas y verbenas populares. Una especie de tirarse al monte de infinidad de músicos por todos los pueblos, aldeas, parroquias y lugares de la comunidad, tanto de la costa como del interior, incluso hacia otras zonas limítrofes como Asturias o el norte de Portugal.

Hace muchos años formé parte de un conjunto, es así como se llamaban a las bandas que no entraban en la denominación de orquesta. Entre un conjunto y una orquesta había claras diferencias. Además del número de componentes, una de ellas era la guitarra eléctrica (muy pocas orquestas incluían ese instrumento que era de yeyés) y sobre todo, el repertorio. Aunque la orquesta también interpretaba temas del momento, debido a la profusión de instrumentos de viento, su especialidad consistía en piezas orquestales ad hoc como «In the mood» de Glenn Miller. También incluían en su set list música tropical que era como se le denominaba a los distintos géneros de salsa procedentes de hispano américa. Los conjuntos músico-vocales tocaban las listas de éxitos e incluían también repertorio en inglés, aunque se veían obligados a meter por el medio algún merengue o chachá para contentar a la comisión de fiestas. A día de hoy, no llego a comprender cómo sin Google Maps, sin señalización, ni líneas pintadas en el asfalto y circundando por corredoiras, conseguimos llegar siempre puntualmente sanos y salvos al campo de la fiesta y regresar.

Al comienzo de la primavera, las comisiones encargadas de organizar las verbenas visitaban las salas de fiesta diseminadas por toda la geografía de la comunidad con la finalidad de contratar, para el día del patrón o patrona de su localidad, la actuación de una de las formaciones que tocaban ese día allí. Desde el escenario se les identificaba rápidamente. Habitualmente se situaban en grupo al fondo de la sala y tenían más edad que aquellos travoltas que bailaban o intentaban ligar, merodeando en torno a las chicas mientras fumaban y bebían copas con líquidos de todos los colores. Al bajar del escenario, se acercaban de forma solemne a los músicos para otear las posibilidades de contratación y hablar del caché. Si la fecha estaba disponible y las cuentas daban, con un apretón de manos y un apunte en la libreta era suficiente para quedar comprometidos. Si la fiesta se celebraba el quince de agosto, que hay romería en todos los lugares de Galicia, era necesario darse prisa para cerrar el trato. Por eso, en ocasiones, las comisiones aparecían en pleno invierno con el fin de cubrir esa fecha cuanto antes. Las verbenas siempre tenían en cartel un conjunto y una orquesta, el primero, como decían ellos, para la juventud y la segunda para los mayores. También solían programar una banda de música que ofrecía un concierto y en ocasiones podía acompañar a la procesión o hacer un pasacalles.

En aquel momento había discotecas donde un DJ pinchaba música de baile y muchas salas de fiesta diseminadas por toda la geografía que funcionaban los fines de semana y contaban con actuaciones en directo. Generalmente con dos formaciones musicales en el escenario. Era tal la cantidad de este tipo de locales que en pocos kilómetros y en la misma carretera uno se podía encontrar con más de uno. Por ejemplo en Carballo: As Airas e A Revolta; en las afueras de Vigo: Ramallosa 2000 y Nigrán (que en los años ochenta se convirtió en el Vanitas), en entre Caldas de Reis y Padrón: La Condesa y Chanteclair… Gracias a esta infraestructura de salas con música en directo, los intérpretes de los grupos y orquestas que hacían el verano, podían mantenerse activos también durante el invierno, incluso con bolos en algunos Centros Gallegos de Europa. Es decir había una desestacionalización positiva para los músicos. Muchas de aquellas instalaciones dedicadas al ocio del fin de semana, donde seguramente se conocieron muchos de los abuelos de los niños y jóvenes de hoy, permanecen medio derruidas en las cunetas como un especie de recuerdo arqueológico de la actividad del bailoteo en el siglo pasado.

Diferencias

Aunque hace más de cuarenta años que he dejado la música y por lo tanto, de hacer lomas y salas de fiesta, echando la vista atrás observo muchos parámetros que diferencian aquellas fiestas antaño con la verbena actual. Estaban dotadas de una componente tradicionalista, orgánica y relacional, respecto a las grandes performances espectaculares en las que ha derivado el ecosistema verbenero. La música en directo generada desde el propio instrumento era la esencia de las formaciones. No existían samples ni soundtracks, más allá de un pedal de Wah Wah y distorsión para la guitarra o una reverb/eco Binson/Semprini para la voz. De los palcos, así se les llamaba a los escenarios, se encargaba la comisión. No habían aflorado los camiones escenario. Una caravana enganchada a un Dodge Dart y más tarde la típica furgoneta Mercedes que transportaba a los músicos en la cabina y en la zona de carga los instrumentos junto a un pequeño equipo de amplificación, componían todas las pertenencias de la formación. De este modo, la relación entre inversión, rentabilidad y fuerza de trabajo, estaba equilibrada para que los cachets pudieran ser permisivos y razonables de cara a aquellas pequeñas comisiones de fiestas cuya principal fuente de financiación era la que se obtenía de recaudar puerta a puerta la voluntad de los vecinos, junto a otras como: las rifas y las cuotas de los puestos de los feirantes: tiovivo, tómbola, caseta de tiro…; también la barra del bar instalada no campo da festa y alguna pequeña ayuda de organismos oficiales como el Concello o la Diputación. En otra liga jugaban las capitales de provincia que se regían por parámetros económicos y presupuestarios más holgados, pero el grueso de las fiestas y verbenas en realidad se situaba más allá de las grandes localidades.

Si hacemos un análisis simple sin rigor científico alguno, y observamos el impresionante despliegue técnico artístico de sofistificación acústica, lumínica, escenográfica y de recursos humanos, podemos observar que la inversión de las formaciones musicales de hoy es muy elevada en comparación a las necesidades que se demandaban en las verbenas tradicionales de antaño. Se ha espectacularizado la verbena tradicional y esto tiene sus pros y sus contras. Por un lado se ha ganado en audiencia y seguimiento de las formaciones mediante numerosos clubs de fans en un mundo de redes, pero por otro quizá se haya perdido la esencia en el sentido puramente identitario y de pertenencia a un lugar.

http://www.xaimefandino.com

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