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Opinión

Teruel existe y es una maravilla

Hace unos días aprovechamos un viaje al Mediterráneo para visitar Teruel y una parte de su provincia. Cuando se va a Teruel uno parte, inevitablemente, del manido “Teruel existe” y se prepara para dilucidar qué hay en el trasfondo de este dicho.

Mi sorpresa, ya se lo anticipo, fue encontrar una maravillosa ciudad y una maravillosa provincia, hermosos, bien cuidados y excelentemente rehabilitados sus pueblos y con una envidiable red de carreteras nacionales, provinciales y comarcales.

Hablar de Teruel capital y de su arquitectura mudéjar es casi un tópico. Pero no es trivial. Si sus torres de la Catedral de Santa María, de El Salvador, de San Martín y de San Pedro, junto a la techumbre de la catedral, han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, por algo será. Para nosotros, al ser la primera vez que las veíamos en directo, fue asombroso. Esas esbeltas torres de planta cuadrada con un machón central, de ladrillo resaltado, lazos formando estrellas de ocho puntas, frisos de arcos mixtilíneos y arcos lobulados entrecruzados, son un verdadero espectáculo para gentes que venimos de las sobrias zonas de románico granítico.

Después de pasear por la ciudad disfrutando también de su arquitectura modernista, de su Torico (ahora protegido en un hermoso museo) y de sus delicias (así definen al jamón de la zona presentado con pan, aceite de oliva virgen, ajo y tomate), sin olvidarnos de dulces y bollería, nos fuimos a conocer algo de su provincia.

Claro, como no, empezamos por Albarracín, ya que para algunos es el pueblo más bonito de España. Aunque habíamos oído de su esplendidez los comentarios se habían quedado cortos. Su recinto amurallado, que abarca desde lo alto todo el peñón que protege la ciudad, su castillo que protege la ciudad desde arriba, sus palacios, casas, pasadizos y calles intrincadas de piedra, con ese color que se mimetiza con el paisaje, con su hermosa Catedral del Salvador y su Alcázar, y con su río Guadalaviar al fondo, son extraordinarios y van más allá de lo que te puedan contar.

«Empezamos por Albarracín, ya que para algunos es el pueblo más bonito de España»

Siguiendo el cañón de su río quisimos acercarnos a ver el nacimiento del Tajo. Cómo no hacerlo. Desde niños hemos cantando “el Tajo nace en la Sierra de Albarracín, provincia de Teruel”, y estando en Albarracín hay que ir a ver el nacimiento de ese gran río de España. Paramos primero en la vistosa cascada de Calomarde (hay varias en la zona) y llegamos al punto donde se indica que nace el Tajo. Una pequeña fuente da comienzo, un mojón así lo marca, al posterior grandioso río. Es difícil desde aquí imaginar lo que será por Aranjuez, Toledo o Lisboa.

En nuestra ruta por los altiplanos nos fuimos acercando hasta el espectacular castillo de Peracense. De color rojo ya que fue construido en lo alto de un escarpado peñasco de rodeno, roca arenisca de ese color. Desde lo alto de la terraza donde se asienta se domina todo el valle del Jiloca. Impresiona el castillo, impresionan las bermejas rocas erosionadas por la acción de los vientos, impresionan las vistas. Digno de ver.

Pero, claro, estando en Teruel, una vez visitados los entrañables Mora de Rubielos y Rubielos de Mora, uno piensa siempre en la comarca del Maestrazgo. Con razón. En primer lugar por su nombre. Por algún motivo eso de los maestres de las órdenes militares de la edad media llama mucho la atención. En esta alta zona habitaron durante siglos los monjes-soldados de varias de estas órdenes, especialmente la del Hospital de San Juan y la del Temple.

En segundo lugar por su paisaje. Un paisaje brutal y rudo, «con más montañas que llanuras y más piedras que árboles». Dicen los del lugar que su paisaje resulta de la evolución de muchos millones de años para mostrar que es muy antiguo. Es así. Se pueden apreciar rocas sedimentarias de los fondos marinos emergidas por fuerzas internas para formar montañas, que fueron rotas por fallas y erosionadas por el viento, la lluvia y los ríos. Placas sedimentarias mesozoicas, que deberían ser horizontales, aparecen verticales, y series cretácicas forman imponentes graderíos, como ocurre desde los altos de Tarayuela en uno de cuyos morrones se ubica Cantavieja. Impresionante paisaje.

«Dicen los del lugar que su paisaje resulta de la evolución de muchos millones de años para mostrar que es muy antiguo»

En tercer lugar por sus pueblos. Nosotros, desafortunadamente, solamente pudimos ver unos pocos. Pero de qué hermosura. Entre ellos pudimos visitar Mirambel, con sus extraordinarias celosías de yeso; Cantavieja en lo alto de su escarpado peñón, con su castillo y casas nobiliarias, e Iglesuela del Cid, tan pequeño como enormemente interesante incluidos sus palacios y sus muros de piedra seca. A cada cual más bonito. Pueblos bien conservados y magníficamente rehabilitados, con bellas casas señoriales, o de labor, manteniendo el carácter de toda una época, especialmente de aquella en que su lana se exportaba a toda Europa y proporcionaba riqueza a la zona.

Pero si el Maestrazgo es conocido y hermoso, la comarca de Matarraña, aunque quizá sea menos conocida, no es menos hermosa. Los turolenses la definen como la Toscana española para describir su importancia y belleza. Otro paisaje. Esta vez menos alto, más suave, plagado de olivos, almendros, legumbres, cereales de invierno y, curiosamente, viñas. Inevitablemente, esbeltos cipreses. Visitamos solamente unos cuantos pueblos: Ráfales, La Fresneda, Calaceite, Valderrobres, Beceite. No solamente tienen aceite los que terminan en “ceite”, todos ellos lo tienen. Todos con su castillo o gran iglesia, casas nobles o de labranza, pero ricas, de piedra ocre, sus calles empedradas, sus murallas, su río... Paseando sus calles la vista y la imaginación nos lleva al Renacimiento.

Hice el recuento de los pueblos más bonitos de España según la asociación dedicada a preservar y promover el patrimonio rural de nuestro país. Teruel, con nueve, nosotros vimos siete de ellos, es la provincia española que más pueblos incluidos en su lista de honor. Es un buen índice.

Hemos visitado Teruel, hemos visitado su provincia. Hemos disfrutado. Teruel existe y es una maravilla.

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