Opinión | Newsletter de Deportes

Jefe de sección de Deportes
El triunfo de la calma
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
Pertenezco a una de esas generaciones que creyeron que nunca verían a España ganar un Mundial y no acierta a asimilar lo sucedido en estos últimos años en los que los títulos se amontonan. Hoy el país se levanta resacoso tras una noche festiva gracias a una selección que ha convertido la normalidad en una de sus principales herramientas para alcanzar el éxito. Tal vez ese sea su gran conquista. En este fútbol cada día más idiotizado, impostado y alejado de la calle la selección española ha sido un ejemplo de sencillez. Con la pelota y sin ella. Defendiendo un estilo reconocible en el campo y asumiendo con naturalidad las circunstancias a las que uno se va enfrentando en un torneo corto y complejo como un Mundial. Tan importante como las lecciones de fútbol ofrecidas ante Francia y Argentina ha sido el sosiego que han transmitido durante estas cinco semanas gente como Unai Simón, Rodri, Laporte, Cucurella, Porro, Borja Iglesias, Olmo, Fabián o Pedri. Cada uno en su rol, en su estilo, pero cortados por el mismo patrón. Buena culpa de ello tiene Luis de la Fuente, un personaje que parecía efímero en el fútbol español y a quien se le puso fecha de caducidad después de aquella derrota en Escocia y en la famosa asamblea en la que cometió el error (que le acompañará para siempre) de levantarse a aplaudir al infame Luis Rubiales en la asamblea del “no voy a dimitir”. Pero este riojano piadoso, devoto de la Virgen de la Vega, aficionado a los toros, vigoréxico y campeón en el Athletic de Javier Clemente, remontó en el debate público hasta lograr su consolidación y terminar por conducir a la selección al segundo Mundial de su historia. Otra vez el triunfo de la calma. Ya no es casual que este modelo de entrenador triunfe frente al histrionismo que por fortuna empieza a estar pasado de moda. Los técnicos deben ofrecer respuestas y soluciones a sus jugadores, pero también era necesario que se quitasen de encima esa capa de endiosamiento que caracteriza a muchos de ellos. Luis de la Fuente ha creído hasta el final en una idea convencido de que si no se apartaban del camino el éxito acabaría por regresar y que cada partido que jugasen iba a ser mejor que el anterior. Así ha sucedido hasta la final en la que no se recuerda una superioridad tan grande de un equipo sobre otro. El gol de Ferran Torres (otra vez en la segunda parte de una prórroga como en Sudáfrica hace dieciséis años) hizo justicia a España y castigó como merece a esa Argentina que sigue creyendo en el mal entendido “cancherismo” (cuántos crímenes se han cometido en su nombre) como fórmula de éxito. No se recuerda un perdedor peor y más despreciable. Mientras les escribo las redes se llenan de nuevos vídeos en los que se puede comprobar cómo el derrotado trató de arruinarle la fiesta al legítimo ganador. Un episodio bochornoso que hace más justa y necesaria la victoria del equipo de Luis de la Fuente, el tipo al que nadie esperaba.
Y en medio de todo el jolgorio aparece la figura de Borja Iglesias, desde este momento el primer campeón del mundo gallego, el primer jugador del Celta en tocar el cielo con el que sueña cualquier futbolista. En un arrebato de sinceridad, sobre el césped del estadio de New Jersey, el santiagués llegó a confesar que aquello es de la cosas que uno “ni es capaz de soñar”. Seguramente tenga razón. Borja ha participado apenas unos minutos en el Mundial, pero este título caminará a su lado toda la vida. En la historia del fútbol gallego ya ocupa un lugar único. Esa estrella nadie se la podrá quitar. Otro justo premio para quien nunca se ha distanciado de sus ideales por conveniencia aunque eso le haya hecho merecedor de más de un linchamiento. La suya es otra remontada porque después de su renuncia pública a la selección (el único que se atrevió a tal cosa) después de los desmanes de Luis Rubiales nadie lo imaginaba jugando un Mundial. Tampoco pasaba por su mejor momento en el Betis. Pero entonces llegaron el Celta y Claudio para recuperar su mejor versión y el resto vino solo. Es difícil no sentirse feliz por él.
Y no puedo irme sin un guiño al Celta que el sábado se estrenó en esta pretemporada. Ante el Sporting de Braga, un rival de nivel y mucho más rodado (esta semana los portugueses ya tiene partido oficial) el equipo de Claudio ofreció una imagen muy saludable y dejaron detalles ilusionantes futbolistas que están tratando de hacer méritos para quedarse en la plantilla. Otro síntoma ilusionante en relación al futuro. No esperaba ver semejante nivel con las piernas aún duras después de la primera semana de entrenamientos. Todo lo que sucede en verano hay que ponerlo entre comillas, pero resulta esperanzador ver al equipo comportarse de forma tan solvente. Ya habrá tiempo para inquietarse.
Disfruten de la semana y de este tiempo sin competición. Que los agobios de otoño llegan antes de lo que uno se imagina
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