Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

«El chiringuito… se acabó. Qué lástima»

Georgie Dann, autor de «El chiringuito».

Georgie Dann, autor de «El chiringuito».

Todos los veranos me acuerdo de Georgie Dann, porque con él, te gustasen o no sus temas, sabías al menos cuál era la canción del verano. Estoy seguro de que hasta a los chavales de prácticas que tengo por aquí al lado —a los que ya no les pregunto la fecha de nacimiento para no caer en la obsolescencia programada— les suenan La barbacoa, El negro no puede, Cachete, pechito y ombligo o mi favorita, El chiringuito.

Me gusta El chiringuito no por la letra, impublicable hoy en día salvo que la cante Benito Antonio en La Casita —seguramente porque no se le entienda—. Juzguen ustedes:

«Está el menú del día:

conejo a la francesa,

pechuga a la española

y almejas a la inglesa»

Muy de Mundial, en todo caso. Me pregunto, por cierto, con qué equipo iría el viejo Georgie, francés de pasaporte, sí, pero español de elección hasta su fallecimiento en 2021.

Volviendo al lío, me gusta El chiringuito no por su letra ni por lo pegadizo de una melodía ochentera que se relanzó en el año 2000 —sería cosa del cambio de siglo—, sino porque me recuerda a mi sobrino Juan, que cuando era pequeñito y canturreaba la canción decía «el chinguirito» en vez de «el chiringuito». Un crack, el Juaneche.

En fin, donde ya no están para canciones del verano ni estrofas de vergüenza ajena es precisamente en los chiringuitos de Vigo, que, de buenas a primeras, han tenido que cancelar todos los conciertos que tenían programados para julio y agosto. Un roto en sus previsiones de ingresos y también en las de los grupos contratados, la inmensa mayoría locales o del área —que los tenemos, y muy buenos—, que han visto cómo el sudoku de bolos veraniegos que tenían prácticamente resuelto ha perdido de golpe la mitad de sus números.

No discuto que haya unas normas que cumplir ni que sea necesario establecer controles y medidas de seguridad para evitar males evitables —válgame la redundancia—. Pero hay formas y formas de hacer las cosas y, sobre todo, momentos para hacerlas. No se puede comunicar el cese de todos los conciertos de verano en los chiringuitos cuando ya hemos consumido prácticamente una cuarta parte de la temporada.

Es injusto para los negocios, para los grupos —les recomiendo que lean el post de Adolfo FH, al que sigo desde hace años por su virtuosismo con las seis cuerdas, en el que explica de primera mano la faena que le ha supuesto el veto a la música en la playa— y, por supuesto, para quienes consideran que disfrutar de una buena actuación mientras se toman algo y contemplan un atardecer de lujo es uno de los mejores planes del verano.

No. No vale excusarse ahora en que incumplen la legalidad, porque ya la incumplían todos estos años y se miró hacia otro lado. Tampoco vale pasarse la patata caliente de una administración a otra, un recurso pueril donde los haya. Lo único que vale es sentarse con el sector y buscar una solución. En Nigrán la encontraron. ¿Por qué en Vigo no?

«El chiringuito,

el chiringuito,

el chiringuito se acabó.

Qué lástima»

Así cerraba Georgie Dann el hit del verano del 2000. Veintiséis años después, el estribillo se repite, aunque con bastante menos gracia. Entonces daba pena porque acababa el verano; hoy, porque alguien ha decidido terminarlo antes de tiempo. Y no por falta de público, de músicos o de ganas, sino por falta de planificación y alternativas. Qué lástima, sí. Sobre todo porque el único ruido que sobra en todo este asunto no salía de los altavoces. 

Imagen

Al lío

Si quieres recibir este análisis de la actualidad en tu correo tan solo debes activar este boletín en nuestra página web

Me apunto

TEMAS

Tracking Pixel Contents