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Opinión | Editorial

Insuflar vida a Peinador, una prioridad sin condiciones ni excusas

Aeropuerto de Peinador.

Aeropuerto de Peinador. / Pablo Hernández Gamarra

Peinador lleva demasiado tiempo en una encrucijada. Sin conexiones internacionales tras la espantada de Ryanair, con un portafolio de destinos nacionales escueto —apenas media docena de rutas en el pico del verano— y sin ningún tipo de ayuda pública —es la única terminal aérea del noroeste que opera a mercado— , el aeropuerto de Vigo, clave para la industria y el turismo del área y del conjunto de las Rías Baixas, sobrevive gracias a una potente —aunque por desgracia, menguante— demanda interna.

Las estadísticas de viajeros hasta mayo no deben llevar a engaño. Es cierto que suben un 5,1%, con 449.930 pasajeros en el acumulado del año, pero ese crecimiento se basa única y exclusivamente en los tráficos que Peinador captó el último mes por el cierre de la terminal de Lavacolla para renovar su pista , en buena medida por el refuerzo de la ruta a Barcelona que opera la aerolínea española Vueling y que constató la demanda que hay sin cubrir en el sur gallego. Sin ese extra, el aeropuerto vigués mantendría la tendencia negativa con la que arrancó 2026 tras el fin del vuelo a Stansted y del convenio con la low cost que preside Michael O'Leary.

Dos opciones: languidecer o remar juntos

Ante esta situación, solo hay dos opciones: quedarse quietos y ver cómo languidece el aeropuerto de la ciudad más poblada de Galicia, pulmón económico del noroeste y gallina de los huevos de oro del turismo, por la competencia que ejercen otras terminales a las que sí les llega el dinero de las administraciones para captar rutas y aerolíneas, con Oporto a la cabeza con un chorreo millonario de las arcas públicas; o remar todos en la misma dirección para articular un plan de salvación que, sí o sí, pasará por la inyección de fondos públicos para que Peinador pueda competir en igualdad de condiciones.

Argumentos sobran

Argumentos sobran. Por población —Peinador es el aeropuerto de referencia para un área de más de medio millón de habitantes directos—, por negocio —el polo industrial vigués, con sectores tan internacionalizados como la pesca, la automoción, la construcción y la reparación naval o el granito, precisa de conexiones aéreas a la altura de su potencial— y por proyección —Vigo y las Rías Baixas forman un tándem líder indiscutible en turismo, muy por encima de Santiago y A Coruña—. Por eso, cualquier estrategia turística que se precie debería tener en cuenta a la terminal viguesa y pone en entredicho la pretensión de ciertas organizaciones de constreñir Peinador exclusivamente a vuelos de negocios: un sinsentido.

Demanda y potencial de rutas

Los datos de ocupación de las rutas actuales a mercado, pero sobre todo los ratios de las conexiones internacionales que Peinador ha ofertado en los últimos años gracias a convenios como el último de Ryanair a Londres, confirman que sobra demanda para volar por Vigo. También lo constata el estudio de potencial de rutas elaborado por AENA, que ha identificado conexiones con recorrido para Peinador, entre ellas Londres, Milán, Ámsterdam, Bruselas, Málaga, Sevilla o Alicante.

Falta de incentivos

Lo que faltan son incentivos, como en el resto de aeropuertos del noroeste y, en especial, al otro lado de la frontera, en Sá Carneiro. Solo Asturias y Cantabria riegan sus terminales con casi 20 millones de euros anuales de sus presupuestos para blindar su conectividad aérea; el Concello de A Coruña mantiene convenios para volar a Milán y Ginebra, al igual que el de Santiago, a través de Incolsa, la empresa municipal compostelana de promoción turística, pese a la falta de transparencia de sus acuerdos con las aerolíneas.

La inacción de las administraciones

¿Qué están haciendo las administraciones para poner freno a la sangría? Pues, hasta ahora, entre poco y nada. La Xunta anunció un plan de coordinación y captación de vuelos con un límite presupuestario irrisorio: 100.000 euros por destino y un máximo de dos por año en cada una de las terminales gallegas, una cantidad ridícula si se compara con lo que San Caetano destina, por ejemplo, a la promoción del Xacobeo. Un programa abierto, eso sí, a la incorporación de otras administraciones como las diputaciones provinciales —solo las de Pontevedra y A Coruña han manifestado su interés por adherirse, como si los habitantes de Lugo y Ourense no volasen—, pero que, como ha recalcado en varias ocasiones el Gobierno autonómico, no está destinado a subvencionar vuelos, sino a promocionar el destino en origen , una fórmula con la que no están de acuerdo las aerolíneas. Ellas quieren dinero, no carteles en los aeropuertos o en las calles.

También la rechaza el Concello de Vigo, que apuesta por un concurso de publicidad similar al de Ryanair, pero que no está dispuesto a volver a asumir en solitario —aunque el alcalde lo garantizó en varias ocasiones a principios de año; la primera, en una entrevista para FARO—. El Ayuntamiento plantea una subvención mediante concurso público a partes iguales con la Xunta y la Diputación de Pontevedra, con un argumento repetido hasta la saciedad: el dinero de los vigueses no tiene por qué subvencionar vuelos que pueden disfrutar los habitantes del resto de la provincia y de Galicia. Por eso exige que aporten fondos los gobiernos autonómico y provincial.

Prioridades económicas

El argumento es válido, pero solo en parte. La misma excusa se podría aplicar a los conciertos de Castrelos —a los que destina millones de euros: solo Chayanne cobrará este verano 853.000 euros por una actuación de dos horas—, a O Marisquiño, a la reforma del estadio de Balaídos o incluso al fenómeno de la Navidad, que no son eventos exclusivos para los vigueses. Solo con lo que cuestan las actuaciones de Castrelos se podría sostener una ruta aérea internacional en Peinador: el último vuelo a Londres de Ryanair, que rozó el 80% de ocupación y ayudó a sostener el turismo extranjero en Vigo durante muchos meses, costó algo más de 1,8 millones de euros, mucho menos que las actuaciones en el auditorio al aire libre vigués. Idéntico argumento se podría utilizar para los millonarios fondos que dedican cada año Xunta y Diputación a actividades vinculadas al ocio y al turismo. En conclusión, dinero hay, la cuestión es cómo se está utilizando. Apoyar Peinador no es una opción, debe ser una prioridad.

Sobra demanda, faltan incentivos

Volviendo a lo esencial: sobra demanda, pero faltan incentivos. Lo demuestra el interés mostrado por la aerolínea húngara Wizz Air, que ha reservado slots para volar de Vigo a Londres en la temporada de invierno, subvención mediante. La pregunta sigue siendo la misma: ¿qué van a hacer las administraciones gallegas? ¿Dejar que Peinador se consuma, que continúe su lenta agonía? ¿O se van a poner de acuerdo para potenciar el gran aeropuerto del sur de Galicia? ¿Tiene sentido que dispongan Xunta, Diputaciones y Concellos millones de euros todos los años para dedicar al turismo y que no vaya ni un euro a las terminales, a captar turistas? ¿Solo perseguimos peregrinos, mochileros, los que nos visitan en coche o, peor aún, en autocaravanas? ¿Por qué lo que están haciendo otras muchas comunidades para captar turistas aquí no vale? ¿Están las demás equivocadas? Las cifras de pasajeros indican lo contrario.

Decisión y voluntad política

Ya no se trata de discutir eternamente sobre el modelo ideal, sobre si la ayuda debe llamarse subvención, promoción o convenio, ni de seguir echándose la culpa unos a otros mientras el tiempo pasa y las rutas se pierden. Se trata de decidir si Vigo quiere seguir teniendo un aeropuerto útil, competitivo y conectado con Europa y el mundo o resignarse a ser un mero satélite de Oporto, Santiago o A Coruña. Peinador merece mucho más , algo que esté a la altura de su ciudad, la mayor de Galicia —un dato que algunos parecen olvidar con sospechosa frecuencia—, sus vecinos y sus empresas. También de sus reivindicaciones y de sus impuestos. Peinador nació para ser la terminal de referencia del sur de Galicia. Y debe serlo. Así que la demanda existe, el tejido económico lo necesita y las oportunidades están identificadas. Lo único que falta es voluntad política. Y si Peinador acaba languideciendo, no será por falta de mercado, sino por exceso de excusas.

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