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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

A estos soles no hay luna que los apague

Fans de Deep Purple, ayer, en Castrelos.

Fans de Deep Purple, ayer, en Castrelos. / Jose Lores

No es por llevar la contraria, pero creo que con el eclipse del próximo 12 de agosto puede ocurrir algo parecido a lo del temido «efecto 2000»: que no sea para tanto. Desde luego, es uno de los temas virales del año. Que si los mejores lugares para contemplar el sol negro, que si estas son las gafas que tienes que comprar para no quemarte los ojos, que si el look adecuado para esa noche efímera… ¡Si hasta se han programado cruceros y paquetes turísticos para la ocasión! Cientos, miles, millones de artículos en todo el mundo sobre un evento astronómico que, en aquellas zonas donde sea total, como en A Coruña, durará apenas un minuto y dieciséis segundos. Vamos, lo que tardo yo en zamparme un bocata cuando llego a casa.

Recuerdo que, siendo un chaval, allá por 1999, vi otro eclipse, en este caso parcial, pero que llegó a oscurecer bastante el día, con una careta de soldador de mi tío el ferreiro. Ver, lo que se dice ver, no vi nada. Sí, la luz se atenuó, como si alguien hubiese cubierto de repente con un paño la lámpara de la mesita de noche. El gallo cantó, el perro ladró y, al cabo de unos segundos, todo volvió a la normalidad. Con esto no quiero restarle importancia al evento cósmico. Un eclipse total de sol no ocurre todos los días. Seguro que para los astrónomos es un acontecimiento único que estudiar, pero para el resto de los mortales, y más en agosto, cuando la mitad del país está de vacaciones, bueno, pues igual es una excusa para quedar con amigos y luego, dentro de algunos años, poder preguntar: «Oye, ¿tú dónde estabas la última vez que el día se hizo noche?». Pero poco más.

Deep Purple, en plena actuación en Vigo.

Deep Purple, en plena actuación en Vigo. / Jose Lores

Quienes sí eclipsaron a la Selección Española de Fútbol cuando los de la Roja se jugaban ayer el pase a octavos contra Austria fueron unos octogenarios que demostraron que el concepto de la edad es relativo. Me refiero a Deep Purple en Castrelos, Tom Jones en el Coliseum de A Coruña e Iron Maiden en el Resurrection Fest, en Viveiro. Cada uno con su estilo, sus fans y la autoridad que confiere llevar décadas siendo de los mejores en lo suyo: la música. No digo que entre las miles de almas que disfrutaron de sus temas no hubiese muchos pendientes del resultado del partido, pero es que la ocasión lo merecía. Como todos los grandes grupos, pese a los ochenta y tantos de algunos de sus miembros —86 el Tigre de Gales, aunque se le echen 60: increíble lo de este hombre—, dándolo todo sobre el escenario y haciendo que parezca fácil lo que en realidad es dificilísimo. Mostrando además, al menos en el caso de Deep Purple, cuyo teclista —Don Airey— se lanzó a interpretar el himno gallego ante la sorpresa de todos los presentes, que sabían perfectamente dónde estaban.

Tom Jones, ayer, en el Coliseum de A Coruña.

Tom Jones, ayer, en el Coliseum de A Coruña. / Gus de la Paz

Al final va a resultar que el gran eclipse del verano no era ese minuto y pico de penumbra que nos están vendiendo como si fuese el fin del mundo, sino una banda de octogenarios subidos al escenario dejando claro que hay cosas que ni la luna, ni la edad, ni el algoritmo consiguen tapar. El 12 de agosto ya veremos si el sol se apaga un rato. Lo que está claro es que a Tom Jones, Iron Maiden y Deep Purple no hay satélite que les robe la luz. 

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