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Opinión

Decepción y ratificación

Escribe Lucía Méndez un artículo sobre el mito y la decepción y una intuye –ella no lo dice– que se refiere a Zapatero. Y, como con tantos otros, me asombra que nadie en su sano juicio –y Lucía y otros tantos decepcionados lo están– hubiera podido convertir en mito al personaje que ahora parece que tan bajo ha caído. Y vaya por delante que me parece espantoso que sus conversaciones, las de ZP, que nada tienen que ver con los hechos por los que se le investiga, se hayan convertido en comidilla de tertulianos que salivan, ríen, desmenuzan y cotillean sobre si su Gertru le pedía hora para hacerse las cejas o intentaba sacar entradas para el clásico. No me extraña que el personaje esté indignado Y piensen los que tanto hurgan en conversaciones ajenas que ni les van ni les vienen qué sentirían ellos si toda su vida privada anduviera en lenguas desenvueltas, viperinas y crueles.

Cuentan periodistas que le han tratado que, siendo diputado raso, era un hombre cercano y cálido, que con todos hablaba y a todos respondía, y que luego, de presidente, siguió igual. No lo sé. Lo que sí sé es que mientras sonreía de puertas afuera, por lo bajini susurraba que necesitaban tensión. Y que después de negar la crisis y regodearse en los brotes verdes, de la noche a la mañana atizó un sablazo en forma de recortes salvajes al estado del bienestar y lo recuerdo muy bien porque aquella mañana, mientras iba al instituto, me enteré incrédula que me había quedado sin paga extra y con el sueldo congelado, lo mismo que pensionistas y demás funcionarios, así sin mas. Perdió las elecciones con justicia, pero España tardó muchísimo en recuperarse, mientras los progres montaron su relato falso de que los recortes eran cosa de Rajoy, y él empezó a blanquearse y a blanquear dictaduras inmundas.

La justicia le juzgará o logrará su abogado anular el juicio, pero a mí no me ha decepcionado. Siempre le tuve por alguien que había hecho muchísimo daño a España. Hoy me ratifico. Lo que no impide que lamente también el que se ha hecho a sí mismo y a su familia.

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