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Opinión

Salvador Fraga

Vigo

Ría y tranvía

Imagen antigua de uno de los tranvías de la empresa de Tranvías Eléctricos de Vigo que permitía el traslado de los habitantes del Val Miñor a Vigo

Imagen antigua de uno de los tranvías de la empresa de Tranvías Eléctricos de Vigo que permitía el traslado de los habitantes del Val Miñor a Vigo / FdV

Baiona en el exterior de la ría, al interior Redondela. Dos ciudades. Y si, ¿una en vez de dos? Es curioso, la historia impuso ese destino. No menos curiosa la explicación, había un tesoro escondido al desdoblar el vestido del margen sur de la ría: la batimetría. Un gran calado yace (11 metros) a tiro de piedra en A Laxe. Vigo, la ciudad puerto, emergerá de sus profundidades, quiera o no. A finales del siglo XIX, los grandes buques de vapor topan aquí el paraíso.

Los fondos de ría, Pontecesures, Pontevedra, Pontesampaio, definen la depresión meridiana (norte-sur). Es el cauce natural de la movilidad del eje atlántico. De él, arranca otro eje (horizontal), 33 kilómetros festoneando el borde de ría, hasta el mar. Vigo debe ¡la existencia misma! a su posición privilegiada en este desvío. Pero ¡ay!, no deja de ser un desvío abandonar el lugar en la mesa. Travesura paga factura: la accesibilidad. ¿A qué piedra filosofal se recurrió?

Primero. El ferrocarril. La línea histórica de Santiago entra por la única rendija, el pasillo natural ceñido al litoral de la ría. Corre que corre, hacia el oeste, con estaciones en Soutomaior, Redondela, Chapela (antigua), hasta llegar a Vigo. Hoy, llevados ya por la corriente del eje atlántico de alta velocidad, la infraestructura histórica se menosprecia. Por el contrario, es un tesoro por replantear. ¿Cercanías ferroviarias? Sin duda.

Segundo. El tranvía. En 1927, la publicidad de Tranvías Eléctricos de Vigo, grafía líneas, paradas y estaciones. Chapela, Los Caños, Vigo (extensiones a Cabral y Pereiró), Bouzas, A Bouza, Canido, San Miguel de Oia, Prado, A Ramallosa (extensión a Gondomar), con final en Baiona. Alcanzó un éxito de leyenda aquel tranvía de los viejos días. Su voladura insensata (mito del progreso) en 1968, y la ocupación de la vía para carretera, aún está sin digerir.

Tercero. El barco. En 1927, también la publicidad de la empresa Vapores de Pasaje dibuja las líneas en explotación desde el puerto de Vigo. A Cangas, a O Con, a Moaña, a Meira, y a Domaio con extensión a San Adrian y Sta. Cristina. Hace cien años, tranvía y barco, con intermodalidad consciente, lograron un área metropolitana de buena ley. Entendimiento tal, que incluso el entramado de sus cabinas, ventanas y maderas, llegaron a parecerse formalmente.

Robustece remontarse a las fuentes (una y otra vez) para calibrar la situación actual. ¿Cuál es la comunicación disponible? La pérdida del tranvía Vigo - Baiona, supuso tal batacazo que aún hoy chirrían las tres alternativas existentes. La PO – 552 histórica; la PO – 325 irónica “carretera por la vía”; y la gravosa AG – 57. Dos carreteras congestionadas en extremo y una autopista de pago. ¿Punto final o punto seguido?

Entre una cosa y la otra, el acertijo: ¿por qué no la conectividad marítima, tan nuestra? Por agua, las escalas del Lago Maggiore y Lago di Como, fueron laboratorios históricos de barcos de pasaje en trayectos cortos. Hoy día, en las islas Pitiusas operan ya, eco fast ferries; una nueva generación que explora la alta velocidad del mar. Construidos en astilleros españoles, congregan innovación en propulsión, materiales, maniobrabilidad, ahorro de combustible.

¿Y la ría de Vigo? ¿No tiene nada que hacer? Sí, activar talento, fundir en una, ría y tranvía. ¿Tranvía de nuevo cuño? ¡Ah! Una cabina deslizante sobre la ría (no la vía), firme e imperturbable cual ola. Nao transportada entre espuma, velocidad alta, y distancias cortas. Esto es: creación de la línea marítima, Vigo - Baiona (Panxón, Porto do Molle). Ocasión resiliente para la industria y el servicio público. Un pellizco de sueño (bien despierto) para la ciudadanía.

Ser creadores, a fondo (sabemos). Abrir la óptica de la movilidad en Vigo. Hacia Redondela, realismo y picardía al reutilizar la línea ferroviaria histórica. Hacia O Porriño, poner fecha a la inauguración de la salida sur (alta velocidad ferroviaria y cercanías), fundamental para vertebrar la Eurorregión Galicia Norte de Portugal. Y hacia Baiona, el fichaje prometedor, la conectividad marítima. En geografía compleja, la intermodalidad como pez en el agua.

La calle vio el milagro del patinete, cuando nadie lo esperaba. Ojalá un día, un útil ingenioso, ocurrente y hábil, deslice sobre las aguas de la ría. Prometedora “performance” del tranvía Vigo – Baiona.

Salvador Fraga es arquitecto y miembro de la Comisión Intermodal del Instituto de Estudios Vigueses

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