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Opinión | Crónicas galantes

Galicia, refugio climático

Además de imán para peregrinos que llegan a ella por hasta diez rutas jacobeas, Galicia podría convertirse, con algo de suerte, en un refugio para las víctimas del bochorno climático. Todo consiste en aprovechar las ventajas de nuestra relativa escasez de sol como atracción turística. Por lo de ahora, la fresca reina como Dios manda en las rías de este húmedo reino.

Cierto es que el verano pasado constituyó una anomalía a tener en cuenta. Mayormente, por la parte de Ourense, donde el extremo calor y la incomparecencia de la lluvia desataron pavorosos incendios. Aun así, conviene advertir que el de 2025 fue el estío más tórrido desde que se le empezó a tomar la temperatura a España, allá por el lejano año 1961. Algo de ese sofoco tenía que tocarnos a los gallegos.

Curiosamente, se registraron más muertes por calor en Galicia que en la caldeada Andalucía, puestos a citar un ejemplo. Suena raro, pero es un dato oficial. Será que los gallegos no tenemos costumbre y nos pilló desprevenidos ese verano de histórica fiebre climática. Algo ayudaría también la elevada edad de la población.

Ser viejo es, en efecto, el principal factor de riesgo en estos casos de desmadre solar. Advierten los especialistas que la mayoría de las muertes por agobio térmico se producen entre aquellos que han cometido la imprudencia de cumplir 65 años o más. Tampoco es que esa sea una situación que los afectados puedan prevenir. La alternativa, mucho peor, obligaría a tomar la precaución de morirse antes de llegar a la edad de retiro. Y casi nadie está por la labor, naturalmente.

Ahí se abre una ventana de oportunidad turística para Galicia, que es reino distinto en el que las temperaturas suelen ser más llevaderas que en el resto de la Península. Incluso bajo olas de calor como las tres del pasado verano, aquí fueron algo menos tropicales que en la mayoría de España.

Los veraneantes más avezados ya saben que a partir de la segunda quincena de agosto no es prudente salir de noche sin el auxilio de un jersey o una rebequita. O al menos, eso es lo que venía sucediendo hasta ahora.

Aunque las temperaturas batan récords, los datos sugieren que el fresco abundará más por esta parte del noroeste, ya sea en circunstancias climáticas normales o extraordinarias. Conservadora incluso en materia de soles y lluvias, Galicia sigue siendo refugio contra el calor, salvo que los desmanes de la atmósfera se empeñen en calentar también esta templada esquina del mapa.

De momento ya ha subido la glacial temperatura del agua que hasta ahora convertía en deporte de riesgo el baño en nuestras playas. Entre eso y el marisco, no es improbable que este verano podamos dar asilo climático a más viajeros que nunca. No todo van a ser peregrinos, hombre.

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