Opinión
Un buen vasallo de su señor
Fracasado frente a Irán en la guerra del Golfo, aunque él se niegue empecinadamente a reconocerlo, el presidente Donald Trump puede al menos regocijarse con el triunfo de uno de los suyos en un país importante de su patio trasero.
Aunque por muy poco, el ultraderechista Abelardo de la Espriella, que tiene por cierto también la ciudadanía estadounidense, se impuso al representante de la izquierda colombiana, Iván Cepeda, quien aspiraba a suceder en la misma línea ideológica a Gustavo Petro.
No esperó la derecha más reaccionaria del continente – el «loco» de la motosierra Javier Millei, el multimillonario del banano Daniel Noboa y la activista y Nobel de la Paz venezolana María Corina Machado- a conocer los datos definitivos para felicitar al que era sin duda uno de los suyos.
Desde Italia llegó el parabién de Giorgia Meloni, y el propio Trump llamó personalmente a su entusiasta admirador colombiano. Colombia es al fin y al cabo la cuarta economía de Latinoamérica y el viraje a la derecha de su gobierno tendrá un impacto en toda la región.
El resultado de las elecciones colombianas consolida una tendencia que se vio antes en Chile, en Bolivia y en Honduras, países donde la derecha recuperó el poder.
En octubre habrá también elecciones generales en el mayor de los pesos pesados de la que la que el cubano José Martí llamó «Nuestra América».
Una eventual derrota del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y de su Partido de los Trabajadores frente al candidato de la ultraderecha, el senador Flavio Bolsonaro,, sería un durísimo golpe para el que podemos llamar, con todos sus defectos, el «eje progresista» del continente.
Donald Trump tiene un interés muy especial en una victoria en esas elecciones del hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que está condenado a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe de Estado.
Interfiriéndose descaradamente en las decisiones de la justicia brasileña, el propio Trump calificó la condena de Bolsonaro de «caza de brujas» y su Gobierno impuso sanciones económicas al juez que dictó la sentencia condenatoria, aunque más tarde las revocara.
Las injerencias de Washington en los procesos electorales de su patio trasero son constantes, y las elecciones colombianas son sólo el ultimo ejemplo. Trump elogió en la campaña al candidato de la ultraderecha y tachó de «marxista radical de izquierdas» a su rival.
El secretario de Estado y azote del «régimen» cubano, Marco Rubio, escribió el mismo domingo a de la Estriella para comunicarle el júbilo de Washington por su victoria, que permitirá «una estrecha colaboración», según aseguró, entre los dos gobiernos.
Lo que Washington entiende bajo «colaboración» no ofrece lugar a dudas: como se demostró con el llamado «plan Colombia» contra la droga y a favor de la militarización del país, se trata sólo de subordinar su política a los intereses militares y hegemónicos de la superpotencia.
Que de la Estriella tenga también la nacionalidad estadounidense y jurara en su día lealtad a ese país, garantiza que será un buen vasallo de su señor.
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