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Opinión | Newsletter de Deportes

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Jefe de sección de Deportes

No hubo un tiempo mejor

El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez

Fue Bill Shankly, uno de los mayores productores de frases célebres de la historia del fútbol, quien dijo que para saber si llevaba al Liverpool por el buen camino, le bastaba con ver la cara de su cuñado, un fanático seguidor del Everton. La clasificación era para él un termómetro menos fiable que el rostro malhumorado y los gruñidos del marido de su hermana cada vez que se lo cruzaba. Me sucede algo parecido con ciertos tuiteros que, amargados por el ascenso del Fortuna, llevan unos días complicados bramando contra los filiales y señalándoles como la reencarnación de buena parte de los males del fútbol. Callaron en otras ocasiones, pero les ha sonado el despertador del odio cuando vieron al equipo de Fredi Álvarez alcanzar ese cielo de la Segunda División que históricamente ha estado vedado para el filial del Celta. Otra vez no es el qué, sino el quién. Este ascenso -más allá de los debates necesarios que puedan hacerse alrededor de la regulación de los equipos dependientes- transmite por encima de todo la solidez del proyecto y envía un mensaje claro a todo el fútbol español del punto en el que se encuentra el club ahora mismo. Ayer leí a un aficionado del Cádiz una reflexión muy acertada. Recordaba que tres años atrás peleaban con el Celta codo con codo por mantenerse en Primera División y resulta que la próxima temporada van a enfrentarse a su filial: «Imaginad el viaje que hemos hecho unos y otros desde entonces».

Llegamos así al debate que hoy planteamos en el periódico sobre si la que acaba de terminar es la mejor temporada de la historia para el Celta. Yo no tengo ninguna duda. Creo firmemente que esta campaña no acepta comparación con ninguna otra y que los padres fundadores, cuando pusieron en marcha este proyecto en 1923, lo hicieron soñando con algo parecido a lo que vivimos ahora mismo. Dichosos que somos. El primer equipo, con el valor añadido que supone su composición rebosante de canteranos, sostiene la mirada sin ninguna duda a cualquiera aunque puede llegar a entenderse la inclinación por alguno de los cuadros dirigidos por Víctor Fernández, por el de Berizzo (enorme mérito vista aquella plantilla) o por aquel de 1948 si quieren escarbar un poco más en la historia. Pero a los resultados del primer equipo se ha sumado ahora la gesta del filial que el próximo año jugará por primera vez en Segunda División dejando al Celta y a la Real Sociedad como los únicos clubes que competirán en las dos categorías del fútbol profesional. Allí donde no llegan ahora mismo estructuras gigantescas y multimillonarias como las del Real Madrid, Barcelona o Villarreal aparece el Celta. ¿Se acuerdan de aquella frase de Carlos Mouriño hace tiempo cuando le dieron a elegir y prefirió al filial en Segunda antes que la clasificación europea del primer equipo? Pues este año no ha sido necesario escoger; los Reyes Magos trajeron la carta de deseos completa. Sumen a eso los resultados de la cantera (lástima aquella semifinal de Copa en Lugo del juvenil), el clima social, la lista de espera para hacerse socio, el mensaje bien articulado que emana desde el club, las grúas que se multiplican en Afouteza…no me digan que hubo un tiempo mejor

Llegado este punto no quería irme sin hacer un guiño a Fredi Álvarez, la persona que personifica este logro histórico del Fortuna. Ha sido curiosa su historia. Y larga. Lleva más de veinte años pegando saltos en los banquillos, como tantos otros. Tuvo un paso fugaz por el Celta B hace años, pero cuando nadie lo esperaba regresó a A Madroa donde progresó e hizo progresar hasta que recibió en herencia (algo envenenada) el banquillo del Fortuna que acababa de dejar Claudio Giráldez. Y mejoró lo que parecía imposible. Tengo referencias de gente que conoce a Fredi en su aspecto más personal y por lo que me cuentan solo puedo decir que me alegro por el entrenador, pero sobre todo por la persona.

Espero que tengan una buena semana. Disfruten de estos momentos de alegría que uno nunca sabe cuánto durarán. 

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