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Newsletter de economía por la redactora jefa Lara Graña / FDV
Es posible que recuerdes que, hace casi diez años, el astillero Metalships fue seleccionado por la armadora Russian Fishery para la construcción de un arrastrero de última generación de 108,2 metros de eslora por importe de unos 90 millones de euros. Se trataba de un pesquero modelo ST-192 RFC, diseño de Skipsteknisk, que iba a ser replicado después seis veces por el astillero Admiralty Shipyards de San Petersburgo, integrado en la United Shipbuilding Corporation (USC), controlada por el Estado. “Los astilleros nacionales no tienen de momento mucha experiencia en la construcción de estos súper arrastreros”, constataba a este periódico el portavoz de la armadora, Ilya Vlasenko. No tenía el know-how entonces el naval ruso —por eso recurrieron a Metalships, para absorberlo— y no lo adquirirían a la velocidad que habían estimado, de hecho, porque el programa de cuotas por inversión (quotas under keel) no se materializó con la construcción de los cientos de barcos que había pronosticado el Kremlin.
Pero fue una política estratégica con la que el país quiso renovar su flota pesquera y proteger en parte su industria metalúrgica, fijando porcentajes de producción obligatoria Made in Russia, como los cascos de acero.
Rusia no tenía el know-how en construcción naval, no al menos para pesqueros de estas características, pero China no necesita que en ningún rincón de Europa se les enseñe a fabricar coches eléctricos. Y por su trayectoria se puede extraer fácilmente la conclusión de que no es una economía cooperadora en lo tecnológico en aquellos lugares donde se asienta, porque así lo ha evidenciado con programas como One Belt One Road, de desarrollo global de infraestructuras. Y porque se lo han currado.
Como escribió el brillante profesor Francisco Carballo (UMinho) para el especial de la segunda edición del Foro del Noroeste, el gasto de China en I+D “representó el 26% del total mundial y en 2025 entró, por primera vez, en el top-10 del Índice Global de Innovación”. Y daba otro dato: “en baterías para automoción, CATL y BYD, ambas chinas, suman más del 55% del mercado global”. Remataba Carballo con la reflexión de que “la respuesta no es aislarse de la globalización, sino participar en ella desde posiciones menos subordinadas”.
Dicho esto, es indispensable analizar el actual desembarco de compañías chinas de automoción –ya sea para factorías de nueva construcción, como la de SAIC, o con la compra de fábricas subutilizadas o cerradas— de una panorámica completa para entender los porqués. ¿Es para vender sin aranceles? ¿Para estar más cerca del mercado? ¿Para canibalizar a competidores? ¿Para ayudar desinteresadamente al desarrollo de la industria europea?
Bueno, pues diré que hace unos días encontré algunas respuestas en la propia prensa china y después de leer unos cuantos informes más que interesantes. Lo más relevante es que, cuando esté en vigor la Ley de Aceleración Industrial (Industrial Accelerator Act, IAA), que cualquier inversión extranjera en «sectores manufactureros estratégicos emergentes» que supere los 100 millones de euros, y cuando el capital venga de un país con más del 40% de capacidad mundial, no podrá realizarse salvo aprobación expresa. Y ese visto bueno procederá o de la Autoridad de Inversiones de cada país o de la propia Bruselas. Dentro de esos “sectores estratégicos” están los coches eléctricos.
No confío especialmente en las virtudes de agilidad de la Comisión Europea en cuestiones burocráticas, aunque en la industria dan por hecho que la IAA podrá entrar en vigor a mediados del año que viene. Qué quieres que te diga, y parafraseando a Carballo, acciones legislativas como ésta llegan, a mi juicio, cuando ya estamos en una posición subordinada. Siendo gentiles en el adjetivo, añadiré.
Bienvenida sea la industria que propicia el desarrollo, pero no olvidemos que los preceptos mencionados de la IAA se diseñaron para proteger la producción industrial en el continente y evitar la expansión directa y sin control de capital asiático. Por algo sería.
Feliz semana.
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