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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Vigo, capital de capitales

Atardecer en las torres de la Catedral de Santiago de Compostela.

Atardecer en las torres de la Catedral de Santiago de Compostela. / Antonio Hernández Ríos

«Unos tienen el refrán, y otros, la capital». Aquí, en el sur, que Santiago reciba 3 millones de euros de la Xunta por las molestias que le supone ser la capital de Galicia no se entiende, por no decir que levanta ampollas por surrealista. ¿Pero qué molestias son esas? ¿De qué gastos hablamos? ¿Qué perjuicios supone? Porque igual, si se ponen sobre la mesa los costes y los beneficios de ser sede administrativa de Galicia, en vez de cobrar les sale a pagar. Como con la declaración de la Renta. O será que en Vigo, como no sabemos qué es eso de la capitalidad —lo fuimos solo dos años, vaya ocurrencia— y el sufrimiento que conlleva, nos quejamos de vicio.

Me pregunto cuánto tendría que recibir Vigo por ser lo que es: la primera ciudad de Galicia en población, PIB, empleo, industria, pesca, transporte marítimo… ¿Qué? ¿Cuánto? ¿Tres, seis, nueve, doce millones? ¿Cuánto merece Vigo por no ser precisamente eso, capital administrativa de algo? El alcalde, Abel Caballero, ya le ha puesto cifra: le ha reclamado a la Xunta 9 millones. Igual se quedó corto. Sería la primera vez. Aunque me da que ha hecho el cálculo en base a población con una sencilla regla de tres: si a Santiago, con 100.000 habitantes, le corresponden 3 kilazos, a Vigo, con el triple de habitantes, pues 9.

El trasfondo de la reclamación es aeroportuario. Y sale de la scoop de Víctor Currás con el nuevo contrato de 2,5 millones de euros sin concurrencia competitiva que el Concello de Santiago ha lanzado a través de Incolsa, la empresa municipal de promoción turística, para captar nuevas rutas aéreas ahora que Lavacolla está de capa caída tras la espantada de Ryanair. Entiende el regidor vigués, como no pocos lectores, que parte de esa financiación que el ayuntamiento compostelano —que no tiene unas cuentas muy saneadas, precisamente— destina a dopar su terminal procede de esos 3 millones de euros que la Xunta aporta a la capitalidad. ¿Blanco y en botella?

En fin, que me parece muy bien que Santiago reclame lo que quiera y que haga con lo que le dan por la gracia divina o apostólica lo que mejor le convenga. Faltaría más. Pero tiene razón el alcalde al reclamar para Vigo un trato similar por lo que aporta y representa. ¿O es que hay que ser capital de algo para recibirlo? Porque, si es así, lo tenemos chupado. Apunten: Vigo es la capital del motor en España —por algo fabricamos uno de cada cinco coches ensamblados en el país—, la capital de la pesca —copamos prácticamente todos los puestos del top ten de industrias pesqueras—, la capital de la construcción naval —nuestros astilleros construyen barcos para todos los océanos del mundo—, la capital de la Eurorregión… hasta capital de la Navidad, aunque no a todo el mundo le guste. Por capital, que no sea.

Lo de Santiago podrá tener encaje legal, administrativo o presupuestario, no digo que no. Pero políticamente y, sobre todo, desde el sentido común, cuesta tragárselo sin que rechine. Porque una cosa es reconocer la singularidad de la capitalidad y otra muy distinta convertirla en una especie de plus automático mientras a la ciudad que más tira del carro se le sigue mirando como si ya fuese bien servida con lo que tiene. Y no. Vigo lleva demasiado tiempo aportando más de lo que recibe, tirando de la economía gallega, sosteniendo empleo, industria y exportaciones, y encima teniendo que escuchar que protestamos por deporte. Igual no protestamos tanto. Igual lo que pasa es que ya estamos cansados de poner la potencia y que otros cobren el kilometraje.

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