Opinión | El desliz
Los hinchas de Rafa Mir

Rafa Mir, condenado. / Elisa Martínez
La Audiencia de València ha condenado al futbolista Rafa Mir a 8 años y medio de prisión por considerar probado un delito de agresión sexual y otro de lesiones a una joven que contaba 21 años en el momento de los hechos, el 1 de septiembre de 2024. El fallo le impone siete años de cárcel por la agresión sexual, un año y seis meses por lesiones, una indemnización de 64.000 euros a la víctima, la prohibición de aproximarse a ella durante 13 años y siete años de libertad vigilada tras cumplir la pena. Estamos tan poco acostumbradas a sentencias contundentes en los casos de violencia contra las mujeres como los aficionados españoles a ver empatar a su Selección. En un escueto mensaje, el deportista ha dicho que confía en la justicia y que recurrirá. Quién sabe si espera la escandalosa suerte de Dani Alves, absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya tras ser declarado culpable de violación por la Audiencia de Barcelona. Entre su detención por la Guardia Civil y la condena, Mir ha continuado su vida deportiva con relativa normalidad, primero cedido en el Valencia, donde jugó una veintena de partidos y marcó un único gol, y la última temporada en el Elche. Dos años recibiendo el calor del público desde la grada; en el fútbol no se paga la pena del Telediario como en la política ni hacen falta acciones ejemplarizantes anticipadas. Propiedad del Sevilla, que en un comunicado ha condenado «conductas que no tienen cabida en nuestra sociedad ni en los valores que promueve el deporte», este club no sabe qué hacer con el año de contrato que aún le ata al culpado. Despido, suspensión provisional… su dilema es seguir ligado al prenda o arriesgarse a una reclamación económica.
Ha pedido tiempo para estudiar la sentencia el Elche, que le fichó con la denuncia ya en marcha y pensaba ejecutar su opción de compra para quedárselo otro año. Lo mismo se lo dejan rebajado. Buena idea lo de profundizar un poco, merece la pena que se lean despacio la historia de violencia que recoge el fallo por lo que ya ha trascendido. Así podrán conocer los directivos con pelos y señales la versión «sin fisuras» de la víctima, un «relato consistente y con coherencia de hechos, aportando detalles precisos», según el tribunal. Ella y su amiga conocieron a Mir y a su amigo Pablo Jara (también futbolista y condenado a dos años y medio de cárcel por agresión sexual y a una multa de 6.000 euros) en una discoteca. Les acompañaron a la lujosa casa del primero y allí fueron atacadas en la piscina y en el baño. La víctima de Mir contó que sufrió penetración vaginal con los dedos, forcejeos y tocamientos. Cuando su amiga se negó a tener relaciones sexuales, Jara la echó a la calle vestida solo con un tanga gritándole que ambas eran unas niñatas. Tanto han creído la versión de las mujeres los magistrados que han pedido que se investigue por presunto falso testimonio a tres policías locales de la localidad valenciana de Bétera, que en el juicio aportaron una declaración que exculpaba a los acusados. Estos agentes fueron los primeros en llegar al lugar de los hechos tras alertar un vecino de la presencia de una chica desnudas y llorosas que pedían ayuda, y destaca el tribunal la «indolencia» que mostraron para protegerlas. Según las víctimas, incluso se reían con los acusados. Aunque juraron que desconocían que el morador de ese chalet era un futbolista, se comportaron como auténticos hinchas, de esos que no se hacen excesivas preguntas.
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Fuente: Diario de Mallorca
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