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Opinión

Pelayo Novoa

El futuro del sector pesquero se juega en la escala y en la cadena de valor

Una trabajadora en una conservera gallega

Una trabajadora en una conservera gallega / Gustavo Santos

El sector de los productos del mar afronta una nueva etapa marcada por tres grandes fuerzas: la evolución de la oferta, una competencia internacional cada vez más intensa y un entorno geopolítico que condiciona de forma directa costes, suministro y riesgo. Para una industria tan expuesta al origen y al comercio global, la incertidumbre ha dejado de ser una excepción para convertirse en parte del escenario estructural.

En este contexto, la acuicultura se consolida como el gran motor de crecimiento del mercado mundial. Frente al estancamiento de la pesca extractiva, la producción acuícola sigue ganando peso y está reconfigurando la cadena de valor. El cambio de fondo es claro: la ventaja competitiva ya no depende solo de vender bien, sino de asegurar un acceso estable al producto en condiciones competitivas. En un mercado tensionado por la volatilidad, la incertidumbre regulatoria y las disrupciones logísticas, controlar el origen —o tener una posición sólida en esta fase— marca cada vez más la diferencia.

A ello se suma una presión sostenida sobre costes y márgenes. La calidad sigue siendo irrenunciable, especialmente en Europa, pero por sí sola ya no basta. El verdadero reto consiste en equilibrar calidad, coste y consistencia de suministro en un entorno donde compiten operadores de mayor tamaño, con presencia en las partes críticas de la cadena de valor y con estructuras más ligeras. Esa realidad está elevando la exigencia estratégica de todo el sector.

Por eso, la escala se ha convertido en una condición de competitividad. No solo permite generar eficiencias y reforzar el acceso a la materia prima; también mejora la capacidad de negociación comercial y facilita inversiones en tecnología, transformación y desarrollo de producto. Las compañías mejor posicionadas suelen ser aquellas con presencia en los eslabones donde se concentra más valor: el origen y la comercialización. La transformación sigue siendo importante, aunque aporte menos margen; ya que proporciona control operativo, trazabilidad y estabilidad.

Al mismo tiempo, el valor añadido seguirá siendo una palanca de crecimiento, impulsado por un consumidor que busca conveniencia, formatos más fáciles de preparar y soluciones listas para consumir. Pero aprovechar esa oportunidad exige disciplina industrial, claridad comercial y capacidad de inversión, en un entorno donde la presión del Retail y de la marca de distribución limita el margen de error.

Galicia parte de una posición de liderazgo indiscutible en producción, transformación y comercialización. Pero mantenerla no será automático. El próximo salto del sector dependerá de ganar tamaño, profesionalizar aún más la gestión y reforzar la capacidad financiera. Porque el futuro de la industria pesquera no se decidirá solo por quién produce más, sino en quién se posiciona mejor en los tramos de la cadena donde realmente se genera el valor.

Pelayo Novoa es socio responsable de las oficinas de EY en Galicia.

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